Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

3/23/16

Black Crook o Blas Cruz

 
He sabido que muchos colegas tienen internet en sus casas de Cuba y quiero presentarles la Flecha... más activa con unos apuntes de Cuba: actores del siglo XIX, título provisional.


En una línea de Los negros catedráticos, de Francisco "Pancho" Fernández, obra emblemática del bufo, la negrita Dorotea  presenta a su enamorado como "un tipo perfecto de galancito del Black Croook". [En la primera edición y la antología de Leal aparece así.] ¿Qué es el Black Crook? La compañía norteamericana llega a La Habana en enero de 1868, unos meses antes del furor bufo, aunque algunos lo castellanizan y hablan del Blas Cruz, grandioso espectáculo en cuatro actos, original de Charles M. Barras, mágico y elaborado, con un coro de muchachas ligeras de ropa.

¡Con que ¡ojo, ópera! ¡Ojo, circo de Albisu! ¡Ojo, Black Crook! ¡Ojo, poetas, ojo, actores dramáticos! [...] se trata de un espectáculo que consta de magníficos bailes, transformaciones sorprendentes por medio de una complicadísima maquinaria,  tramoya, cuadros plásticos, el diablo y la capa, en una palabra, el diablo representado por una veintena de muchachas admirablemente bonitas y ¡ay, me! y la capa... brillando por su ausencia en la representación. 

Felicia escribió sobre las adaptaciones escénicas requeridas en el escenario del Tacón y  “los mil y un cachivaches de maquinaria”. En realidad las  reseñas son muy restringidas y existió bastante desprecio de la prensa hacia un espectáculo musical  único con más de cien bailarinas que entre 1866 y 1868 ha ofrecido  475 representaciones en varias ciudades de los Estados Unidos.  Debuta en La Habana el 11 de enero. El 26 ofrecen algunas funciones en Matanzas. La propia Felicia escribe que nos inundará con "sílfides poéticas y magias fantásticas". Pero después de la primera función con La historia encantada, se comenta que era una bella pintura, como un tejido,  que despojado de sus   hermosas decoraciones y sus luces de bengala, quedaría reducido a una mala comedia de magia.  Es un  “entretenimiento entretenido para los ojos de la inocencia”. El localista cantinflea sobre las exigencias de la moral  y “su bombo de mutaciones deslumbradoras y combinaciones fantásticas de luces y colores” para afirmar que “es tanto lo que se abusa de lo aceptable en materia de “enseñamientos” que no es posible aplaudirlo  con la pluma, por más que cada uno lo aplauda pareciéndole poco todavía, en su calidad de espectador ansioso de emociones”. Lo problemático fueron "los enseñamientos".
Para  estas fechas han actuado en el mismo recinto agrupaciones norteamericanas llegadas de Nueva Orleáns, artistas afamados como el músico Gottschalk y quien después  será Adah Menken.

2/19/16

Una mirada a los artefactos

Las fotografías quedaron espantosas, pero valió la experiencia. Este blog se ve bastante bien en la versión para móvil –me he interesado por ella con bastante retraso– como también la página de las Ediciones de la Flecha, que necesita su buen remozamiento. En Kindle, cuyo buscador es Bing, las ediciones no existen sobrepasadas por el deporte del arco y la flecha, y por supuesto, ni intenté mirar el blog. Ya se sabe lo difícil que es posesionarse de un espacio en la selva no tan oscura de la internet. Por azar los artefactos están sobre mis notas de los periódicos de 1846. Confío  que «alguien» salve las entradas de alguna permanencia para después.


2/14/16

Bravo por Mialhe


En la búsqueda de imágenes de los actores de los años cuarenta del siglo XIX,  encuentro una curiosa polémica entre los redactores de dos periódicos a partir de la sexta entrega de Viaje alrededor de la isla de Cuba, de Federico Mialhe. El 26 de mayo de 1849, el redactor del Diario de la Marina, comenta sus bonitas láminas pero dice que no son "exactas" ya que a su juicio "alrededor" no se justifica para  referirse a estampas del  interior de Cuba y es más apropiado utilizar en ...  y que no debió llamarse "zapateado" a lo que en la isla es zapateo, ya que  zapateado es el baile provincial de Cádiz y zapateo, el  de la isla. Al parecer hay una nota de El Faro Industrial atacando al redactor del Diario rival, que lo llama  "el bravo" y el "colega erizo", que supone a Mialhe parte del diálogo. El Diario de la Marina vuelve sobre el tema. "No conocemos al Sr. Mialhe, pero sabemos que es extranjero y esta circunstancia le excusa de la falta de conocimientos de nuestros campos", explica en una segunda nota en que vuelve sobre los  reparos sobre el  título y la concepción de viaje y se adentra en sus objeciones a las láminas. Los guajiros no usan copa chata y de ala ancha, ni usan botines; el que está recostado, con blusa, no parece un guajiro sino francés, las guajiras no se prenden las sayas de esa manera, ni los hombres llevan el pañuelo en la cabeza ni se agarran los pies con cintas,  el zapateo no se baila como el rigodón ni hay perros galgo y perdiguero en los campos de Cuba. "La civilización no destruye las costumbres nacionales". El día 3 de junio el pintor escribe al  Faro Industrial una carta.  Se declara una víctima inocente, puesto que  juega un papel ridículo en la nota del Faro. 

"Soy del país de la crítica, he aprendido a respetarla, y estoy muy lejos de experimentar la susceptibilidad que usted me supone; si [la crítica] es justa me servirá de lección provechosa, si es pérfida e injusta la desprecio, pues cuento con el buen sentido del público y de mis amigos que me harán justicia; pero yo nunca intervendré en cuestiones de esa naturaleza". Dice que no se ha resentido por la crítica del Diario de la Marina...pues "aunque la crítica mortifique el amor propio de un artista, el que ama el arte por el arte no puede menos que someter pasivamente sus obras al juicio público". No ha formado parte del citado diálogo, el del Faro y espera  por la indulgencia del público.

Como se supone, casi no he encontrado imágenes de los actores –salvo  Mariquita Cañete en El Colibrí y un grabadito de Macalister– pero de vez en cuando, me divierto con los efectos secundarios de  la búsqueda aunque pueda ser del conocimiento de  los muchos estudiosos de la obra de  Mialhe.  El mismo criterio de verosimilitud se aplica por desgracia también al teatro.

Las notas en  el Diario de la Marina del 26, 31 de mayo y del 3 de junio de 1846.
La imagen esttá en Beinecke Rare Book and Manuscripts Library de la Universidad de Yale.

1/29/16

Quintero sin arrepentimientos I

Interior de la revista Tablas 1986
Acerca de un nuevo libro de Carlos Espinosa Domínguez.

Muchos  autores cubanos de 32 años tienen por lo general varios libros publicados  en las editoriales del país, pero se desconocen muchas  obras de los dramaturgos mayores, sobre todo, los despreocupados por el  destino de sus  piezas. No existe diferencia entre el aprendiz y el experimentado,  la edición teatral ha dado un vuelco de noventa grados  (para bien) pero  prodiga títulos de los más jóvenes, sin reparar demasiado en el pasado.  Una excepción es Héctor Quintero: un comediógrafo sin arrepentimientos, de Carlos Espinosa Domínguez (Ediciones Alarcos 2015) en el que Quintero, pausado y apacible,  ¿sentado en la comadrita de su casa del Cerro?,  entorno un poco kitsch como el de sus obras, conversa con el entrevistador sobre sus inicios, su concepto del teatro y las etapas de su trayectoria –Teatro Estudio o el Teatro Musical– en el que hubiese constituido un proyecto mucho mayor, interrumpido por la sorpresiva  muerte de Héctor. No había cumplido 69 años. Al leerlo me parece escuchar su voz de locutor radial (esa que aparece tantas veces en el cine cubano). Quintero le habla al entrevistador de  Ojos azules, "el teatro más baladí o más absolutamente intrascendente", estrenada en la sala Ciro Redondo en el año 60 o 61 e influida por el teatro comercial que había visto. Recuerda otra similar,  Habitación 406, dirigida por Miguel Montesco en la Sala Tespis en 1963. Dos obras escritas antes que Contigo pan y cebolla lo lanzara a la fama.

A pesar de que intuyo que una nueva sesión de trabajo hubiese revelado quizás  un Quintero más beligerante y Espinosa habría  sido tentado a hacerle  preguntas acaso más imprudentes, el testimonio no está trunco y Héctor está de cuerpo entero en su sentimentalismo y su verdad. “Me sentí un autor obsoleto”, dice con tristeza, ya que quien se sabía un “continuador de tradiciones”, vio la escena asaltada por tendencias a su juicio sectarias. Espinosa Domínguez hizo bien no sólo en recoger su testimonio sino en completarlo con las notas al programa de muchas de sus obras, con  valiosa  información, útil para estudiar  en especial textos irrecuperables como Algo muy serio o Chorrito de gentesss. El lector puede establecer el contraste en el programa de Sábado corto,  escrito cuando se sentía un autor amenazado y en peligro de extinción y el hombre sereno y confiado en el futuro que reflexiona con Espinosa Domínguez.  Una de sus mejores obras, Sábado...  escribe Héctor, trata sobre los “pequeños seres trágicos, la bata de casa y el café con leche, esa también poesía, de la cotidianeidad”.   Treinta años después, desaparecidos los gestos costumbristas, queda la soledad de Esperanza Mayor que a pesar de sus encontronazos con la vida, pregunta a su hijo con un candor patético " ¿Oye, por casualidad tú sabes que película echan esta noche en el Payret?”

Ediciones Alarcos, 2015. 118 p.

1/3/16

Persona del año: Matías Montes Huidobro


Entre mis personas del año 2015, el dramaturgo y estudioso (además de novelista y  poeta),  Matías Montes Huidobro, nacido en Sagua la Grande en 1931. En el año que terminó recibió un homenaje de la Feria del Libro de Miami, mientras Artefactus celebró junto a su esposa Yara, también investigadora y ensayista, sus 84 años. Se dice fácil pero esa edad no la alcanzaron ni Aurelio Mitjans, ni José A. Escarpanter ni Rine Leal, y si la edad no es todo, pues hay quien pierde su tiempo, la obra de Matías habla por sí sola y merece toda mi admiración.
Pero los dramaturgos nunca son considerados en las selecciones y los estudiosos menos. Ni siquiera Ecured o Caribe se han puesto al día con su obra.
El pasado  año con Del areíto a la independencia claves literarias de las letras cubanas, completó  su  mirada hacia el teatro cubano del siglo XIX, recopilación revisada de sus ensayos y artículos desde 1959 hasta la actualidad. Del areíto no hay mucho pero sí de El príncipe jardinero y fingido Cloridano, incluidos sus comentarios sobre la más reciente  bibliografía. Sus ensayos sobre el bufo (entre estos "la distorsión matemático-gramatical en Los negros catedráticos de Francisco Fernández) y "Los hijos de Thalía") se corresponden a sus búsquedas desde 1973 hasta el momento con un añadido sobre los "timbales del Alhambra". Estudia  los textos y sus  "claves literarias" preocupado porque  el presente "con toda su degradación farandulera, termine por empañar el pasado". Le siguen revaloraciones del teatro de la Avellaneda (material sin dudas para su obra teatral).
Uno de sus hallazgos, el que más me gusta del libro, es su acercamiento a Un poeta en la corte, de José Jacinto Milanés, escrita en 1839, solicitada por varios actores, entre ellos Pedro Iglesias y Vicenta Lapuerta, según nos descubre el Centón epistolario, pero en el Índice de censura. Como los delmontinos, casi toda la crítica cubana del XX la subestimó o la consideró de pasada.
 Sin embargo, Matías la ilumina en su muy esclarecedor ensayo. En el  poeta que no se doblega ante los poderosos encuentra la clave de la permanencia del dramaturgo. Mientras la solapa del libro recuerda que en Persona: vida  máscara en el teatro cubano (1973) es el primero en integrar en sus estudios colonia, república, revolución y exilio,  quiero recordar un ensayo de 1959, publicado en Lunes de Revolución, titulado "Necesidad de José Antonio Ramos". En tiempos en que Virgilio está muy orgulloso de haber puesto a la Avellaneda «en su lugar» y  muchos de los jóvenes del magazine, consideran a Ramos un vejestorio, Matías lo enjuicia y sin ocultar sus defectos, establece una pauta para futuros análisis, por su mesura y lucidez. Escribió "no ha sido plenamente olvidado, ni plenamente recordado del todo".

La mayoría de los dramaturgos y estudiosos, para desgracia de la cultura, ha muerto en esa tierra de nadie y ese limbo piadoso.

12/9/15

¿Borrón y cuenta nueva?


Una nueva etapa de las relaciones entre los teatros de Cuba y los Estados Unidos empieza a interesar a los estudiosos. Acabo de leer  este documentado artículo y otros en la revista Elevate, que recibí  convoyada con el  LA Times,  puesto que, dedicada a estilo de vida e inmobiliaria,  nunca compraría. Son puntos de vista optimistas sobre la “apertura” o el deshielo, triunfalistas,  más bien llamados al turismo. Resalta un interés, quizás inconsciente, por adjudicar el protagonismo, repartir las parcelas del pasado,  o simplificar procesos muy complejos  en los que han intervenido muchas personas.
Se dice por ejemplo que el  Festival de Teatro de La Habana es de la autoría de Helmo Hernández – lo inventó en 1980– no que fue  creado por una institución ni fue obra del Ministerio de Cultura. Cuando intenté documentar o precisar muchos datos del artículo, al que presupongo muy buenas intenciones, y escribir un comentario, me di cuenta que al hacerlo pareciese que yo misma busco protagonismo. En mi pesquisa de autores y apoyatura, hay muchos, más jóvenes que yo, que han muerto en el camino.  Y me di cuenta que el único remedio y la única salida a tantos intentos de reescritura a conveniencia, serán los muchos libros que vendrán.
De  paso, me enteré en Facebook que Esther Suárez lo ha emprendido. Muy jovencita, recién terminados sus estudios de Sociología,  su sensibilidad  e inteligencia la decidió por el teatro y  vino a los Estados Unidos con el Teatro Escambray, en una gira apenas recordada,  casi por las mismas fechas en las que el San Francisco Mime Troupe nos dejó encantados con su commedia dell' arte  política y el carismático Ronnie Davies se apropió de un lunajod de recogida de basura y eso fue el revuelo de su taller del ISA. Antes probamos el pan del Bread and Puppet ¿o fue después?  Visitaron Cuba José Luis Valenzuela, Oscar Ciccone, Joe Papp, Ntozake Shange como antes Joanne Pottlitzer (traductora de Triana)  y gracias al apoyo de  Martha Coagney, presidenta por muchos años del centro norteamericano del Instituto Internacional del Teatro, entre otros, se celebró en La Habana, en 1989 un congreso de teatristas, que los rusos en medio de la guerra fría, querían adjudicar a Finlandia. Pero un finés que nos entendía –Ralf Långbacka– comprendió que no había otra oportunidad.   Todos sabemos qué ocurrió en 1989.
Me gustaría rectificar que todo no empieza en los 50, sino mucho antes. En los veinte Jorge Mañach traduce In the Zone, de O'Neill y en 1860, el Black Crook está en La Habana como luego los minstrels. Y en los cuarenta, Cuqui Ponce de León, antes que Modesto Centeno, está al día en las comedias de Broadway,  viene a los Estados Unidos todas las temporadas,  traduce y las dirige en la isla. Por favor, ¿y las vilependiadas "salitas"?

Cada vez que pueda, como el Murciélago, intentaré «reescribir» no los hechos  que he vivido, sino mejor,  los que he leído y no hay forma de borrar.         

11/22/15

Recuerdo de un murciélago






Los blogs son algo del pasado, dijo alguien ayer, mientras apostaba por las "redes sociales", donde al menos yo no he leído un texto de alguna elaboración. Acostumbrados a descartar, al fast food y al fast fashion,  y que el último medio reemplace al vigente con asombrosa rapidez, los blogs son inservibles a la inmediata utilidad. De alguna manera permanecen, no se pueden borrar. No serán obsoletos. Siempre quise cumplir diez años con la Flecha, porque me gustan las cifras redondas, pero ahora es que ha llegado a 99, 069 visitantes en toda su historia en La Flecha principal  y más de 40 mil en La Flecha II. Antes que llegue la fatiga y el cansancio de la escribana y  sus lectores,  hay  que concentrarse en los libros,  nunca van a desaparecer.  Cuando reaparezca una entrada en el blog, aquí o en otra parte, será como El Murciélago, un periódico teatral del XIX, "a cualquier hora que se me antoje, tomaré el rumbo que más me conviniere, revolotearé donde sea necesario, picaré la fruta que más me plazca, devoraré el insecto que me venga a manos". No es necesario esperar ninguna puntualidad. Siempre hay lectores voraces y pacientes. Después del Murciélago hubo La Campanilla, El Cartel, El Entreacto, muchos más...

11/10/15

Diminuta Ritilla

Antes que Espiridiona Cenda deslumbrase a los lectores en Chiquita, de Antonio Orlando Rodríguez, hubo otra pequeñita columpiándose sobre el cáliz de una rosa en el grabado que recorrió la prensa de la isla, Ritilla Leonarda Valiente, de quince años, que sin embargo medía 31 pulgadas, la misma estatura de cuando cumplió cuatro. Natural de Macurijes y de “semblante melancólico”, Ritilla, hasta donde sé, tuvo una temporada exitosa en La Habana de 1848 pero no logró sus deseos de realizar una gira internacional como otras personas bajitas llegadas al naciente mundo del espectáculo, entre ellos su rival en esos días, Tom Thumb. Con mucha anticipación se vistió de hombre, cambió de trajes, se mostró como guajiro de machete al cinto y cantó, entre otras, La Colasa. Casi todos los que la vieron dicen que era muy ocurrente.
Antes compartía en el blog los datos o las sorpresas que me deparan los libros.
Ahora los guardo mientras trabajo en el manuscrito, pero antes que piensen que el blog se ha mudado o ha dejado de escribirse, les adelanto este minúsculo hallazgo del recorrido por los actores y actrices del XIX que completa Cuba entre cómicos.

10/20/15

Manuel Villabella, más que coautor

Manuel Villabella, escritor y estudioso cubano, es uno de esos tenaces que ha dedicado su vida a la investigación del teatro cubano aunque también ha  publicado cuento y teatro (Jucaral y Aventura de mambisitos, infantil), trabajado con los grupos de Camagüey, entre ellos su Conjunto Dramático y ejercitado, entre otros el periodismo y crónica. Su libro Costal al hombro (1996), profundiza en la historia del teatro en Camagüey e ilumina aspectos considerados "locales",  más que valiosos, únicos, como el recuento de sus primitivos cabildos, fiestas y procesiones y el bregar de la ciudad  por lograr escenarios decentes. Nos presenta a  José Marty, Pepe el Cordonero, "duende invisible"  de las artes escénicas en Puerto Príncipe y desentraña qué hicieron los Robreño –muy queridos desde que un naufragio trae a nuestras costas a los hijos del catalán Robreño y Tort, actor y grabador de oficio. No es mi propósito reseñar el libro, obligada referencia, sino decir algo propio sobre alguien que es más que coautor de Cuba entre cómicos...  por si no llegan al final del libro con su nota biográfica.
Santiago Candamo es  un fabulador de quien los españoles se olvidaron (como de Burón y Torrecillas) porque vino a hacer la América con un baúl y cuatro trastos. Cómico de la legua, actuó en muchas ciudades de Cuba y  Puerto Rico, y Villabella ha logrado  presentarlo  convincente y ameno con datos de periódicos y legajos, como también  descubrió a  Antonio Hermosilla,  Francisco Javier Franck, autor de El Hermenegildo y Un amigo,  estrenadas en 1840, Adelita Robreño y tantos otros.
Entre sus obras más recientes hay un  libro de crónicas  (Sones de marimbas y güiros, publicado por la Universidad de Puebla, 2011) en el que al tiempo que  vuelve sobre sus temas –entre ellos Guillén a quien ha antologado en Pisto manchego– incursiona en facetas muy poco conocidas de la música y el teatro de Cuba y México.

Mientras me congratulo de su aporte a «nuestro» libro, espero ansiosa  por El negrito del sainete cubano (Premio de Teatrología Rine Leal 2013) en proceso de edición por la casa  Tablas-Alarcos.

10/12/15

Precursores y prometeicos VIII: Manet y Buch

Vicente  Revuelta y Minín Bujones. Escenografía de Rubén Vigón
Entre finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta prevalece en la escena cubana un momento de “extrañeza”, que otros han llamado corriente exótica, piezas de la imaginación, incursiones en la fantasía a través de mitos y leyendas o  traslado de la acción a otros países y épocas. De Roberto Bourbakis sobrevive “La gorgona” (1951), “ejercicio de sadismo escénico en un acto”, interpretada por Marisabel Sáenz y de Eduardo Manet, Scherzo,  publicada con La infanta que quiso tener los ojos verdes y Presagio (1951), en una bellísima edición de Prometeo –ilustrada por Servando Cabrera Moreno– con prólogo de  Luis A. Baralt, muy generoso con la pieza y contento de  descubrir a su joven autor.
¿Qué buscan los personajes de Manet? Se buscan.  Y el mundo les ofrece una leve, elegante resistencia que el autor agranda un poco con el natural fervor de sus cortos años […] sin alardes librescos, el lenguaje fluye fácil, convincente, preciso en metáforas novedosas y expresivas”, escribe el director.
Manet se burla de los moldes gastados y a manera de pirueta acrobática, se define a través de lo irreal. Tristán y Marbac (Antonio Hernández y Angel Espasande) se disputan en el bosque el amor de Ivelina (Minín Bujones). Tristán le profesa un amor “alto como la montaña, recio como el huracán” y Marbac, anciano muy rico, le ofrece “la esmeralda de Siva, más bella que las noches de Bagdad, cuando las estrellas abren su luz desde el cielo floreciendo en mil pupilas”. Pero la joven se decide por un Satán candoroso que dice encarnar la  época del avión de propulsión, la penicilina, los átomos y el cinematógrafo… y fue interpretado por Vicente Revuelta. En La infanta..., dedicada a Violeta Casal, un guerrero salva a una princesa de las garras de un monstruo, pero tuvo menos suerte, la crítica dijo que “la intención no parece muy lograda... tiene lagunas imperdonables”. Fue interpretada por los alumnos de la academia Enrique Vega, José Díaz, Aldo Guash, Ofelia González, Aurora de la Torre, Martha Matamoros y Anaís Callado.
Se ha creado ATA (Asociación de Autores Teatrales) y junto con Scherzo, se estrenan  Cita en el espejo, de Rolando Ferrer y  Nosotros los muertos, de René Buch, dirigidas por Modesto Centeno.  La iniciativa de ADAD fue seguida por Patronato y de sus concursos surgen, además de los mencionados, Carlos Felipe, Antonio Vázquez Gallo, María Álvarez Ríos y muchos más incluido Piñera. Otra pieza de ese estilo que no sobrevive, también dirigida por Centeno, es La comedia de la vida, de Luis Manuel Ruiz, estrenada por  Patronato. A saber por González Freire, es el drama del bello trapecista Eloy, que imposibilitado de acceder al amor de Colombina, sufre al querer dominar su condición de “invertido sexual”.  Será el blanco secreto de Piñera en su artículo ¿¿Teatro?? 
Rolando Ferrer realizó un encomiable trabajo como autor y director en la Cuba de los sesenta. Casi todas sus piezas han sido publicadas. Manet ha desarrollado una prolífica carrera teatral en Cuba hasta mediados de los sesenta y  en Francia después con textos muy representados como Las monjas y René Buch ha sostenido  una obra precursora al frente de Repertorio Español en Nueva York (co fundado con Gilberto Zaldívar). De esa etapa, "La caracola vacía" apareció en la revista Lyceum. Pionero n acercar el teatro de la isla al hispano de los Estados Unidos por el que merecería mayor atención.


En la revista Celcit no. 32 escribí un testimonio sobre la presencia de Revoltillo, de Eduardo Machado en La Habana y Parece blanca, de Abelardo Estorino, en los Estados Unidos, que ya es historia antigua.
La fotografía tomada de la Colección de Prometeo digitalizada por Miguel Sánchez.

http://www.celcit.org.ar/publicaciones/rtc/26/32/  

9/1/15

Tennessee en La Habana 2

 A los lectores de Facebook

Para Yvonne y para Alberto


Cuando una entrada se lee tanto como "Tennessee  en La Habana", enlazada por Alberto Sarraín en facebook por sus alusiones a la puesta de Mundo de cristal de 1947, en proceso de montaje por el director con Teatro Akuara en Miami, cotejé de nuevo las fechas, inconforme con muchas de las establecidas, ya que por experiencia propia, la prensa puede comentar un estreno al día siguiente o hacerlo meses después de la representación. Pero Jorge Antonio González estaba allí y su Cronología..., hasta ahora, es infalible. Ya en 1947 publicaba las primeras notas de su "Diccionario del teatro" y era el joven autor de Ensayando y una Fedra, que como todo su teatro, no publicó. Por lo tanto,  por la crítica de Francisco Ichaso,  aparecida en el Diario de la Marina,  el 5 de julio fue su estreno y quizás nunca pueda saber si las fechas aportadas por Manuel Casal en la revista Prometeo fueron de alguna reposición. Como se comprenderá,  asumo los riesgos de estudiar o interpretar el teatro cubano en una época en la que los registros son un laberinto. Ese es mi constante temor con el sentido último del blog, ya que muchas de mis entradas han sido rectificadas, corregidas, o criticadas en los libros. Pero el lector de facebook por lo general, no se interesa por los libros, al menos, por los míos y el investigador debería siempre sospechar. Incluso la facilidad que supone la digitalización, lo hace cada vez más difícil. Prueben a leer esta nota en el periódico original gracias a uno de los grandes auxilios, Digital Library of the Caribbean.
Así las cosas, el teatro no es arqueología pero las notas y programas –y por supuesto la crítica– sedimentaron el Williams que "desembocó" en La Habana de los sesenta, se entrevistó con Fidel Castro y con Hemingway y por eso vale la pena detenernos en la valoración del respetado Ichaso. Omito los primeros párrafos sobre su estreno en los Estados Unidos.

 "Mundo de cristal revela la inquietud de Tennessee Wiliams, su afán por descubrir canales nuevos para el mensaje escénico. Pero una vez más se comprueba  que la novedad en el teatro no reside en lo externo del espectáculo, sino en su interioridad, en su médula. Para desarrollar su doméstico asunto, Williams apela a un procedimiento teatral que participa de la técnica del radio y del cine. Esto sorprende al público de momento; pero lo que en verdad le interesa y conmueve es la exposición sincera y jugosa de los recuerdos que han  servido al autor, según su propia confesión, como materiales para la composición de su obra. Sin duda, por tratarse de remembranzas, es decir, de cosas que percibimos con alguna incoherencia, en una especie de semioscuridad cinematográfica, el dramaturgo ha optado por esta técnica en que el interior de la casa donde la acción transcurre se ve al trasluz de las paredes  mágicamente convertidas en una pantalla de cine.
Si pudiésemos mirar por transparencia todas las casas de una ciudad ¡en cuántas encontraríamos esta misma pugnacidad sórdida, esta amargura cotidiana, esta íntima desolación!
Mundo de cristal es un corte histológico en cualquier  familia provinciana y pobre de los Estados Unidos.  Por dondequiera que atisbemos el cuadro es el mismo con my pequeñas variantes. La sólida armazón económica del sólido país no hace más que poner de relieve  la fragilidad de estos pequeños mundos  de vidrio, donde las almas pican con frenesí, como los polluelos en el cascarón. Todos quieren evadirse de esta prisión rígida y dura. Pero la presión externa es demasiado fuerte y los más se fatigan y ceden y quedan comprimidos para siempre en su bola de cristal. Nada nuevo nos dice el autor. Pero nos li dice  con su acento de poeta veraz, de hombre incapaz de usar con fraude su imaginación. Por eso aceptamos como nuevo su mensaje. Wiliams se puso a recordar lo visto y lo oído en su infancia, acaso lo sentido también, y reparó en este rincón de los Wingfield, donde una luchadora mujer hace esfuerzos tan inútiles como patéticos por «fabricar» un destino feliz a sus hijos. Esta señora Wingfield tiene la apariencia de una madre gruñona, que acosa despiadadamente a sus muchachos. Hay, sin embargo, un gran poso de ternura en su corazón . El mal humor que agrega no es culpa de ella, sino del drama que le ha tocado vivir. El marido, telefonista,  se le escapó un día, «enamorado de las largas distancias" y la dejó sola, luchando a brazo partido con la miseria, buscando el sustento para ella y para sus hijos. Esta experiencia le sirvió para llenarse de fortaleza, para hacerse un carácter, y proyectarlo con acritud hacia su prole. No iba a permitir ella que Tom Wingfield fuese un aventurero como su padre y que Laura Winfield se consumiese en su timidez de impedida, consagrada solo a su juguetería de cristal.
Poco puede, sin embargo, una pobre mujer, por muy alto que hable, contra el destino de dos vidas jóvenes. Tom acaba por volar un día de la esmerilada jaula. Lleva sangre de vagabundo en las venas. Laura no podrá evadirse del complejo de inferioridad que su invalidez le había creado.  El miozalbete irlandés  que una noche perturba  su espíritu fue como uno de esos huracanes que sacuden el paisaje solo para dejarlo más yermo, más desolado de lo que estaba. Y Amanda Wingfield seguirá tronando contra la timidez de la muchacha maldiciendo al hermano desertor y perdonando al esposo fugitivo. Sus palabras no llegarán afuera: el cristal no es un buen conductor del sonido.
La comedia, que empieza siendo un cuadro de vívido realismo, se llena de poesía en el tercer acto, cuando Laura nos descubre primero un alma sensitiva bajo su incurable  abulia  y cuando el buen obrero de almacén que es Tom Wingfield nos enseña un corazón intrépido, ganoso de horizontes,
Hay momentos en que el diálogo reitera  con exceso ciertas frases e ideas. En otros, la plática se extiende demasiado, como en la escena de Laura y Jim. Pero lo que los personajes dicen tiene siempre tal sabor de humanidad y a veces tiene tal encanto poético  que el público´`ublico  no se distrae ni experimenta fatiga. Al contrario: pocas veces hemos visto a un auditorio seguir con tanto interés y emoción una obra teatral.
Ello se debe, en gran parte, al magnífico esfuerzo realizado por los valientes muchachos del teatro ADAD para presentarnos con esmero y decoro  esta pieza. Ha sido una de las jornadas más felices. Cábele a Modesto Centeno haber logrado una interpretación muy justa, a través de una dirección certera y de una inteligente y previa selección de artistas.  Marisabel Sáenz demostró ser nuestra mejor actriz de este momento  al darnos una versión  muy precisa, matizada y vivaz del papel de la señora Wingfield. En la difícil escena del tercer acto,  cuando ataviada según la moda de su juventud, recuerda sus incidentes de muchacha casadera, Marisabel puso en juego sus mejores recursos, conciliando los factores de plasticidad y movimiento que el pasaje exigía.
Minín Bujones, cuya bella voz conocíamos a través de la radio,  fue para nosotros una revelación como actriz de comedia. Logró destacarse por su contención, por su tono menor  en un papel difícil precisamente por su tenue colorido y su ausencia de brillantez. Muy desenvuelto  Sergio Doré en el Tomo Wingfield y bastante ajustado  el Jim O Connor de Angel Espasande. Una excelente escenografía de  Luis Márquez, con los problemas de iluminación bastante bien resueltos, completó este fino espectáculo que el grupo ADAD nos ofreció el sábado en la Escuela Valdés Rodríguez. 

Diario de la Marina, martes 8 de julio de 1947.

8/26/15

Colecciones y papelería

Lo más parecido a la «emilioteca» que se me ocurre es el Museo de la inocencia, en  Estambul, con los objetos cotidianos de la novela del mismo nombre, de Orhan Pamuk. Por más de cincuenta años, Emilio Cueto ha atesorado objetos, libros, recuerdos, memorabilia y arte  de Cuba  en su apartamento de Washington de la  misma forma que ordena y se confabula la memoria. Mi hija me habló de ella cuando representó en Washington La noche de los asesinos con Gala Teatro, hace mucho más de diez años. Al revés que Pamuk, que según he leído, recogió desde las cajas de fósforos hasta los objetos cotidianos más insospechados para las vitrinas de la calle Çukurkuma,  Cueto ha elaborado el guión de su única colección.
Del taller de Horacio Ruiz
Me apasiona la Cuba material, el desgaste físico y emocional de los objetos que nos han pertenecido  y perdimos o se han ido con nuestros fracasos o han seguido su vida en la de otros.  Pero nadie  en la isla pudo hacer la obra de  Cueto. Hubo que reutilizar una cinta de grabación porque no había vírgenes aunque la voz grabada fuese la de Lezama Lima o Eugenio Barba, entregar a las bibliotecas los libros regalados o donados, y utilizar las portadas de las revistas para forrar las libretas escolares. Recuerdo una portada de Aldo Menéndez para Revolución y Cultura que ilustraba con ironía cómo hacerlo, pero no la conservo. 
El sentido de lo provisional y mutante se adueñó de la vida cotidiana en feroz lucha por preservar lo necesario sin pensar en el día después. Por eso son tan respetables entre tantos José Veigas, María Lastayo, María Antonia Cabrera Arús y Eusebio Leal, que salvaron lo que otros perdimos. Me consuela pensar que en alguna parte estará  un pedazo de telarte, un removedor de Tropicana o una polimyta.  ¿Qué depara la colección de Cueto al investigador del teatro?

La digitalización no nos dejará mentir. Otros han guardado por nosotros. "Todo está en el archivo".
En la colección de los papeles de Héctor Santiago, junto a documentos muy valiosos como el programa de La vuelta a la manzana, de René Ariza, puesta de Teatro Estudio,  el del  Teatro de Muñecos de la Habana.


7/18/15

¿English Spoken?



¿Dice algo el inglés de tantos títulos? ¿Es una moda? Como estudiosa me  interesa lo que leo entre líneas: la apetencia ingenua por circular en la cultura anglo-sajona, comprensible entre los creadores jóvenes que sienten que el deshielo abre nuevas posibilidades. Por otra, asoma la idea de que algo va a cambiar por un dictado o designio, un sueño con buena  dosis de ingenuidad, como si normalizar las relaciones con los Estados Unidos  fuese la panacea o la varita mágica.
Si Cuba copiase el modelo norteamericano, si existiese uno en la cultura, no habría ningún teatro subvencionado por el estado sino por las contribuciones,  ayudas,  patrocinios, y  fundaciones,  el público que paga su entrada y en todo caso, por la empresa privada. Nadie relacionado institucionalmente con una puesta en escena escribiría sobre esta en un medio de difusión. El crítico asalariado por la institución no existiría, tampoco probablemente el grupo.
Los grupos que han creado una base y tienen público albergan posibilidades de sobrevivir, pero sufrirán muchísimo los experimentos y la innovación porque las embajadas no tienen presupuestos infinitos ni su principal tarea es defender la cultura. Algunas obras llenarán los teatros, pero cuando termine el juego o el código de complicidad que estos años han establecido entre lo que se puede decir y lo que se oculta o entre el showing y el saying, se impondrá un teatro de calidad o el público no acudirá porque entre otras cosas, no será tan barato.
Cuba vive una avalancha de títulos en inglés: Medea reloaded, Fausto Comes Alive, CCPC Cuban Coffee, Portazo’s Cooperative, Selfie Time. Y me quedo corta. ¿Guiño irónico a la sociedad global en la que estamos insertos así representemos Cecilia Valdés?  Le auguro más posibilidades de gustar a una nueva puesta de la zarzuela que a la procacidad de El mal gusto. No imagino otro título que  Fiesta para un delirio, la obra de José Triana, que nadie ha representado aunque no existe la censura. Y siempre es mejor ver una actuación hablada-sentida en el idioma del actor que un mal hablado otro idioma, que existen los intrusivos supertítulos.  
Ignacio Sarachaga, a las puertas de la intervención norteamericana, al ver izar la bandera extranjera, defendió el danzón frente al two step. González Curquejo en su Breve ojeada... consigna una pieza escrita en este idioma, The Cuban Patriots, de A. Pierra. En los cincuenta, hubo un Little Theatre of Havana y Gina Cabrera protagonizó una pieza en inglés, con la misma dedicación con la que estudió ballet para Gigi, profesional y disciplinada. Cuba no será invadida por un ejército interventor ni los cubanos escribimos en otro idioma, pero en el teatro, está a las puertas que a las fritas las llamen hamburguer, a las salchichas, hot dogs y a la sala, living room y a lo mejor tiene sentido en el diálogo. Se escribieron Buffalo Exposition, English Spoken y muchas otras ¿quién se acuerda de ellas? Sin embargo, no podemos borrar del mapa ¡Arriba con el himno!
Cuando se inserte de verdad una isla dentro de la otra, y no solo en teoría, el teatro cubano-latino de Chicago, Miami, Nueva York y otras ciudades no sólo de los Estados Unidos sino de otras capitales, isla dentro del país multicultural  con multiplicidad de realizaciones y estilos, el teatro tendrá sus muchas islas pero en todas partes se seguirá haciendo a pulmón y con sacrificios infinitos.
Lecturas colaterales
 Polémica sobre El rey se muere.

7/7/15

Diez obras: el contorno imaginario de la isla

Nara Mansur
Dramaturgia cubana contemporánea. Antología, compilación y prólogo de Ernesto Fundora  para la editorial mexicana Paso de Gato (2015), reúne diez obras escritas en los últimos quince años, contiene  datos relevantes sobre la creación de las piezas y los autores y un sustentado análisis de cada obra. La  nota del catálogo la  presenta así:  “Entre la diáspora y la permanencia que dibujan un contorno imaginario de la isla, las diez obras aquí reunidas presentan enfoques distintos de la “cubanidad” contemporánea". Para su compilador, la  muestra recorre, “desde el texto teatral, el rostro críptico y multiforme de la dramaturgia cubana de los últimos quince años”, ese que no se ciñe a límites geográficos porque se constituye “más allá de competitividades estéticas o jurisdicciones nacionales”.  Amado del Pino, Nilo Cruz, Nara Mansur, Norge Espinosa, Ulises Rodríguez Febles, Abel González Melo, Reinaldo Montero, Salvador Lemis, Raúl Alfonso y Yerandy Fleites Pérez componen un arco de piezas estrenadas y/o escritas en un periodo corto pero pródigo en creatividad, sobre todo, de la generación nacida entre los 70 y los 80. Desde luego, una sola antología no puede  responder en qué  consiste la cubanidad ni qué autor se libra de la jurisdicción nacional.  La iniciativa más perdurable desde que Emilio Carballido en Tramoya, publicara  obras cubanas importantes (de José Triana a Tomás González y Abilio Estévez).
Ulises Rodríguez Febles

Fundora insiste –sigue a Lillian Manzor y Ana M. López que lo aplicó al cine– en el concepto de la “gran Cuba”, la isla fuera de sus límites geográficos, abarcadora de su diáspora, que aquí funciona más como etiqueta que como calado teórico, ya que a la aceptación de este marco conceptual debemos que varias antologías  incluyan a los exiliados o emigrados, como en el 92 la de Espinosa Domínguez y Pérez Coterillo. En buena parte, porque como Fundora explica, seis de los diez dramaturgos de esta selección residen en otro lugar, como al ver la luz Morir del texto (1995) cuatro de los diez autores, ya vivían en otro sitio (Carmen Duarte, en Estados Unidos, Ricardo Muñoz en Colombia, Victor Varela en Argentina o Joel Cano en Francia) sólo que entonces  no era natural, sino traumático. Pero veinte años después, algunos residen en Madrid pero mantienen sus columnas periodísticas o sus aulas en La Habana y alternan vida y obra entre los lugares que han elegido para vivir y su país natal. Quizás esa internacionalización renueva el interés por el teatro cubano, ya que las últimas antologías parecidas datan del siglo pasado: España (1992) y Alemania (1998). Autores como Cano, Varela, Duarte, Alfonso y Lemis operaron a medias en la escena de su país y hay muchísimos que no lo hicieron nunca.
Artistas para la patria, oí decir a Fidel Castro cuando la preocupada directora  de una agrupación musical, contó en una asamblea de artistas, cómo tenía que renovar su repertorio continuamente pues las intérpretes se le «quedaban» en las giras. Sin saber qué decirle, contestó que se debían formar artistas para la humanidad. Ahora no parece interesar dónde vive el escritor, sino  desde dónde coloca su perspectiva  de dramaturgo. 
Esta antología es muy reveladora de esa tensión, ya que mientras hay piezas de la tierra, deudoras enriquecidas de la tradición, aunque  «retadoras» del realismo, sobre los ambientes marginales de los noventa o sobre la isla escondida, en clave o a través de la subjetividad, resaltan las situadas fuera del  contexto delimitado por los marcos estrictos de la nacionalidad–asociada a menudo con tópicos y falsedades– que eligen  operar y proceder en el más profundo e inasible del lenguaje.  
Salvador Lemis
Norge Espinosa
La diáspora, representada por  Ana en el trópico, de Nilo Cruz, presenta una  isla soñada desde una tabaquería en Ybor City,  en 1929, en Tampa, cuando al  descorrerse el telón,  tres mujeres esperan un vapor de Cuba, y  tres hombres apuestan a los gallos. Llega Juan Julián para cambiar el destino de los obreros cuando decide leerles Ana Karenina.  El conflicto se manifiesta no sólo entre los partidarios del mítico lector  y sus detractores, sino entre la chata aceptación de lo que somos y las ilusiones posibles,  máquina y artesanía, progreso y deterioro, necesidad del arte y adocenamiento. Desde el punto de vista de su estética, narra a través de veladuras,  exóticos olores y perfumes de sabor “tropical” y una otredad, muy del gusto del público norteamericano que  ha visto la isla como un paraíso prohibido de seducción y magia. Sin embargo, el teatro “bicultural” de  Cruz,  requiere ser traducido, (la leí después de verla representada en California, por la  traducción de trabajo de Alberto Sarraín, la de ahora es de  Nacho Artime y el propio Cruz), mediación de la que nadie se asombra, como si fuese natural de esta cubanidad, escribir en una lengua y requerir para  ser representado o conocido, ser traducido a otra. La lengua literaria, en muchos casos, dejó de ser el español.
La idea de  no pertenecer a un límite o frontera rebasa el concepto de la gran Cuba. La mitad  de los incluidos huye de la excesiva dependencia del contexto, el marco realista, el apego a un aquí y ahora estrechos, por el que se acusó al teatro cubano de localismo –hasta la puesta mexicana  de Aire frío, de Virgilio Piñera  se consideró en los ochenta un aburrido melodrama–  para situarse fuera de los márgenes de la contingencia, en el plano de la memoria cultural (Liz, de Reinaldo Montero, El pie de Niyinski, de Raúl Alfonso) o la reescritura de los clásicos (Icaros, de Norge Espinosa e Ifigenia, de Yerandy Fleites).
Amado del Pino
Un conjunto que presenta la isla a través de espacios o fragmentos, y se ubica en  Santiago de Chile y La Habana, en  Ignacio y María, de Nara Mansur o en Creta, en  Ícaros, a los ambientes maltratados y marginales de Abel González Melo o a la suntuosa y verbal riqueza de los tiempos de Liz. Santiago de Chile visto con ironía desde La Habana. Mentora de los novísimos, Mansur destaca por su originalidad al crear ámbitos de intimidad donde la expresión de lo público y lo privado se convierte en debate angustioso. Se representa hoy en Buenos Aires como El pie de Niyinski se estrenó en Madrid, Chamaco, de Abel González Melo, en varias ciudades del mundo, Huevos, de Ulises Rodríguez Febles y Ana en el trópico, de Nilo Cruz, en La Habana y en Miami.
Sin entrar a analizar las obras en particular, el conjunto es algo monocorde. Mientras el lenguaje es apabullante y magnífico, desde la exploración  hasta la saciedad del vaivén, el «bamboleo» de la tragicidad al cinematográfico y cortante de La cebra, de Salvador Lemis prima una condición monologante: los personajes, aunque pertenecientes a un conjunto, se expresan como el que quiere ser oído por un altavoz, orgulloso de la belleza o enjundia de sus palabras. Alguien rastreará alguna vez la influencia del discurso político sobre la dramaturgia de estos años. No sólo la familia no puede dialogar. La incapacidad se instala  en la entraña del diálogo, que no requiere de la réplica o no la busca. No quieren oír  a los demás sino a sí mismos.
Salvo la ironía rompedora de Ignacio y María, burlándose del kitch, la fraseología política y el teatro sicológico, pareciera desterrado el humor, suplantado por la gravedad de la cátedra. Desde luego hay una gran distancia entre las piezas probadas por sus varios montajes y las que apenas han salido del libreto.
La lengua reina cual minotauro. ¿ Es una respuesta a una escena por muchos años  disminuida como literatura o una reacción a otra zona de escritura no representada en la antología?  Una selección es una selección. Y esta tiene sobrados valores para interesar al lector y a los directores.   El tiempo dirá.

Aire frío México 1985