Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

1/19/15

Recuerdo de Raúl Pomares

Fotografías de Grandal
Era como el viejo Santiago Candamo que hacía  cinco o seis personajes una misma noche,  el actor-cronista,  Ña Pompa, yerbero y tocador de claves, el cuentero, el fabulador, tan parecido  al hombre de a pie, el de sus barrios santiagueros, del Tivolí –donde estuvo el primer teatro– y de Enramadas donde estaba o está la Sala Van Troi, con Ramiro y Ana y Rogelio y tantos otros que inventaron  esas "relaciones" de las que nadie se acuerda para contar historias de circos de mala muerte y de Juanes que venden su alma al diablo o apóstoles a los cuales se les quitaba la venda de los ojos y se unían a la batalla, a la comparsa,  con los pendones y la conga arrollando, los vecinos y la gente detrás, no en el espacio vacío, sino en el tumulto de la fiesta. Nosotros en el suelo, asombrados. Allí quiso animar una calle. Hacer un conjunto en Guantánamo. Cada vez un proyecto nuevo.
Cualquiera pensaría que su aparente tosquedad era falta de técnica,  pero le sobraba. Parecía un actor ambulante, uno más, pero no. Narraba y se hacía  oír, bailaba y cantaba,  era cada vez uno de esos otros que con naturalidad hizo en el teatro y el cine. Alumno de Morín en los cincuenta, me consta la admiración y el respeto que se tuvieron. Alguien en un bar le cantó.

Levántamelo María.
Levántamelo José.
Si tú no me lo levantas.
Yo te lo levantaré (repetir).

Y lo incorporó al texto y a la partitura escénica y lo puedo recordar como si estuviera en el patio de la fotografía.
Con su abrigo empolvado y su traje de yute, se acompañaba con las claves como el griot, el mambí,  la imaginación y la voluntad inclaudicable de la ciudad.
Los diagramas florales de Vanuatu, según ha contado Juan Goytisolo, son Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad porque el origen de la narrativa se pierde en una galaxia de cuentos. No hay manera de perpetuar, sin embargo, el linaje de los actores. Salvo en el cine—donde una y otra vez podemos admirar a Liliam Gish haciendo el ícono de la sonrisa en Broken Blossoms– el gesto social que deseó Brecht mucho más tarde, los actores trabajan como los maestros de la narración en relatos de “arena”, que el tiempo desbarata. Pomares quedará en sus tantos nobles y tiernos personajes del cine pero también en la memoria de esos relatos del teatro en el que creí (mos) aunque sea irrepetible.

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12/31/14

Final de un performance anunciado

Nadie quiere que la performance anunciada termine así ni nadie quiere la cárcel ni la "desaparición" de Tania Bruguera ni  ninguno de sus acompañantes. Espero que Tania aparezca sana y salva. Espero que siga haciendo su obra en La Habana y en Chicago y en todas  partes y tenga bríos para  continuar.
Espero que en lugar de aguarle la fiesta a millones de cubanos para los que se abre una luz después del túnel, se medite en cuáles son las responsabilidades de unos y otros en un momento tan frágil, cuando  las miradas están puestas en la reacción de un pequeño país y la madurez de sus habitantes, a los que no importa no sólo el susurro, el grito de Tatlin o el micrófono abierto, sino la apertura en todos los órdenes de la vida. Pero sobre todo, la libertad de hacer lo que decidan sin que nadie desde Chicago o cualquier otro centro de poder, coloque por ellos y en su nombre un altoparlante o un lienzo o una bandera que bastantes imposiciones ha padecido. Y aunque Tania se coloca en La Habana, viene de  Roma, Chicago o París.
Su basamento conceptual parecía endeble, sobre todo cuando se mostraba un podio de escuelita detrás de unas banderas lánguidas como el nuevo escenario de la libertad. ¿Es desde las ruinas de esa iconografía que se perfila una imagen de futuro? No lo creo. Ahora proponía resemantizar la plaza de la Revolución.
Las generaciones de los últimos años son muy imprevisibles pero no me imagino a un rapero, a un actor de los novísimos, a ninguno de los jóvenes que conozco –de lejos– entusiasmado en arrimarse al podio fosilizado  y hablar desde allí de sus necesidades. No me refiero a los cuarentones de la edad de Tania sino a los de veinte y treinta años. Tienen sus espacios y van a conquistar por ley de la vida todos los espacios. Pero no es la primera vez que me equivoco. Por otra, ¿qué se puede decir en un minuto? Quizás muchísimo. Pero el performance olía a viejo, como truquero y de golpe bajo su performance en Colombia, que por cierto defraudó a muchos allí que lo han contado y le hizo un flaco favor al Instituto de Performance. Pero era arte y como arte se discutió, igual que su ruleta rusa –con  bala de verdad– es escalofriante y aunque merece  mis respetos, la vida de Tania vale más que su performance, que todos los performances y en eso se me parece una hijita de papá, bastante confundida. Nada justifica, sin embargo, la cárcel para impedir su celebración.
Si Tania llega por la vía del arte, acepta otro lugar con menos carga histórica. En Los Angeles, el Occupy Movement en el que se inspira su movimiento de activismo, no pudo "ocupar" los espacios del gobierno local aunque lo intentó porque las sociedades protegen sus monumentos y aunque a mí me hubiese gustado que le dieran el permiso a ambos, no se los dieron, y para realizar los performances anunciados, que el happening ocurre, hacen falta permisos,  pactos y negociaciones. Si aceptas negociar y no negocias, es preferible que Tania hubiese dicho "suspendido, aplazado", el país no está listo ni sus artistas para aceptarme y hubiese sido una heroína por intentarlo.  Pero si tiene detrás un circo, la misma prensa, acólitos y muchos  bien intencionados que defienden la libertad de expresión, no sabe qué hacer, nadie sabe qué hacer y se hace lo peor, se reprime.
Una vez escribí sobre la ligereza con la que un término del teatro se usa para la política, sats. El uso y no a la reapropiación. Ahora el espacio del performance –que tantos han ennoblecido y cultivado– se convierte en una barricada defendida desde la Torre de la Libertad de Miami donde una mayoría desaprobaría que algo semejante hiriese a sus políticos o a sus electores y el último lugar –dicho por la propia Tania en Colombia– con el que hubiese querido asociarse. Pero se ha asociado sin querer o queriendo con los que ante la sola posibilidad de un cambio, ven perjudicados sus intereses e intentan lastimar el camino sin haber comenzado.
Espero un final feliz para Tania.

12/29/14

Feliz año nuevo

Felicitaciones por el año nuevo a los lectores, amigos y colegas. De nuevo las bibliotecas me sacan del apuro con las imágenes. Esta pertenece a la Colección Ephemera de la Biblioteca Nacional de España. He desactivado temporalmente las entradas «más populares» con el objetivo de que se lean otras, a ver si lo consigo.

12/24/14

Norteamericanos en el teatro de Cuba


En 1868 se representó en Santiago de Cuba, un juguete cómico  del venezolano Tomás Mendoza: Los mocitos del día.  En la obra,  Gabriel, el padre de Cachita, debe decidir si entregarle la mano de su hija a un fingido catalán,  petimetre y "mocito" o a Mr. Charles,  norteamericano, maquinista de ingenio,  inculto y extraviado,  pero honrado y trabajador.  Mientras el  “mocito” se preocupa sólo por las apariencias y la vida fácil,  el Míster,  fogonero, con su español maltrecho y  olfato para detectar los tunantes, descubre el entuerto del falso pretendiente de Cachita. El catalán, horrorizado  declara   "la guerra del carbón de piedra contra el boniato, la guerra del coñac contra el guarapo. Sí, del rosbif contra el fufú." Y anuncia que Míster Charles "es un bisteque y yo soy tu tasajito con platanito verde machucado” en una comparación gastronómica  a lo José A.  Millán en Manjar blanco y majarete.
El bufo del siglo XIX no tuvo piedad con nadie pero la imagen del norteamericano honrado –interpretado por el pintor Walter Goodman, de visita en la ciudad–   antecede a la del emprendedor de las Californias y después, en el teatro social de la República, los dueños de haciendas, fincas y propiedades como Tembladera. Mendoza, bastante ignorado como autor, muere  en el ataque a Tunas en 1869 con grado de comandante en la manigua. La obra se conoce poco de no ser por los testimonios de Goodman  sobre los ensayos, el director, Baltasar Torrecillas  y sus percances con el apuntador, pero perdura  la imagen del personaje: el norteamericano honesto que de forma imprevista se asombra de que se solicite aplaudir una obra tan chapucera. 

 

11/12/14

Yamil Cuéllar y su trío de fósforos

Con la seguridad y la naturalidad de un autor experimentado Yamil Cuéllar debuta con un libro-sorpresa con La caja de fósforos (Night Sun Ediciones, 2014). No se puede decir más con menos. Un libro para niños que leen los adultos con interés y que a través de sus dieciséis capítulos se mueve con ritmo a veces vertiginoso y otras más reposado por un mundo imaginativo, real y fantástico a la misma vez. Encontré a Yamil en la internet como actor, narrador y promotor. Me impresionó  cómo  empleaba su  tiempo libre en San Francisco en crear para este medio bellas adaptaciones de La Edad de Oro, de José Martí. Un actor que cuenta.
Después resultó que tenemos amistades comunes, intereses compartidos y que a su vez (cosa muy rara) el actor quería leer sobre la historia del teatro y la de Cuba en particular. Pero Yamil es escritor, no me cabe la menor duda y su relato  de tres fósforos (primos) cantantes y bailadores, llamados Tito, Cuco y Yuyo lo demuestra. Aventura o viaje iniciático, estos fósforos no quieren ser encendidos. Sin embargo, si la escritura es un don que no se ejercita en talleres literarios y es o no es, la relación con los objetos, la creencia de que una caja de fósforos puede ser un espejo, un barco o una golondrina, viene del teatro y  el narrador, a partir de la más leve y contundente materialidad, vuela y echa a volar a los lectores con  relaciones enrevesadas y sencillas entre los objetos que amamos y a veces desechamos. Un  zapato viejo o un globo, todo sirve al relato como al titititero le valen los dedos y las sombras. Como al mago, el sombrero. Si añado que la edición es escrupulosa (difícil no hallar en estos tiempos erratas en los libros) y el papel y la tipografía, preciosos, sólo me queda decir que las ilustraciones de Thays Valdivia, que  acompañan al libro con disimulo, como quien no quiere molestar, son eficaces a la historia y destacan por la belleza del trazo y por su falta de estridencia. Ninguno de los dos quiere decir llegué, estoy aquí,  sino entren, miren, lean, vengan con nosotros al viaje que – según la página 135 y la 137– será editado en inglés, tiene una versión digital y lo mejor, una segunda parte.

10/31/14

Centenario de Felipe

Para  conmemorar un centenario hay  que conocer la fecha de nacimiento del homenajeado  y la de Carlos Felipe está en entredicho. Es el 4 de noviembre pero según su hermana, la actriz Rosa Felipe,  nació en 1911 (el Archivo digital Cubano atesora un documento con su rectificación)  mientras que Escarpenter y otros lo sitúan en 1914.Y quizás ya alguien encontró el certificado de nacimiento para la celebración  ya que si no cumple 100, cumpliría 103 años o gracias a la repetición, damos por válida la fecha del catorce. Lo segundo, el nombre. Carlos Fernández Santana se supone su nombre  pero Rosa asegura fueron inscritos con el apellido del padre, Fremión Felipe, por lo que Felipe no es el apellido artístico sino el real. Armando Correa establece su nacimiento en 1914, en el barrio de Atarés y su primera obra La Gaceta del pueblo, a los doce años, inspirada en el personaje de una chismosa. También los Cid en Teatro contemporáneo de Aguilar (1962) Garzón Céspedes (1978) en la de Letras Cubanas y por supuesto la de Boulder (1988) lo ratifica.  Realizada por José A. Escarpenter y Madrigal, es la más completa hasta hoy, con tres obras inéditas –Esta noche en el bosque, Tambores y La bruja en el obenque– notas aclaratorias y un excelente estudio.
Así que  Felipe nació en el catorce y dentro de unos días, recordamos su centenario, no tan espectacular como el de Piñera, pero con más incentivo para investigar. Más de treinta años como empleado de la Aduana son demasiados para sostener una carrera dramatúrgica y la consiguió.  Premiado en varios concursos, antes del 59 estrenó El chino con ADAD, interpretada por Marisabel Sáenz y dirigida por Centeno y Aparicio. También  puso Tambores, cuyo estreno comentó Eduardo Manet. Eduardo Casado dirigió El travieso Jimmy para el Anfiteatro y Morín puso una sola noche, Capricho en rojo, con una crítica bastante ácida de Mario Rodríguez Alemán.  Y cuando Marisabel se embulló con Ladrillos de plata, el Instituto de Cultura la cancela por inmoral y se quedó con las ganas.  Lisia quería fundir su soledad con un albañil, dejar a sus hijos y huir de su hogar.

En los sesenta Feijóo le publica tres obras, Gilda Hernández le estrena Réquiem por Yarini en 1965, terminada en el 61 y empezada muchos años antes y obtiene gran éxito su espectáculo De película (trabajo de conjunto con los actores del Conjunto Dramático y el mimo francés Pierre Chaussat). Pero el éxito de Réquiem..., con tantas puestas y versiones, ha opacado la consideración de su teatro anterior.
El día 4 varios investigadores y dramaturgos lo recordarán en La Habana. En el aviso del Centro Dulce María Loynaz se habla de un Hernández por Fernández y se lo cataloga de  gran músico. ¿Son las letras de las canciones de De película,  suficientes para apreciarlo  así o es otro de los entredichos de este tal vez centenario y se ha descubierto que ese Carlos llamado Felipe, dejó también obras musicales?  El estribillo era muy pegajoso y cuando uno salía de Las Máscaras,  cantaba:

Acaba el cuento
Me voy p'al cine
Compadre, no me detengas
que lo que quiero es divertirme.

(Si mal no recuerdo con la música de "Juan Quiñones.")

10/28/14

Un marino en el taller La Mariposa

Enrique Pineda Barnet y Leonor Borrero. Fotos del archivo de Pineda Barnet.
Enrique Pineda Barnet tiene varias incursiones teatrales como dramaturgo, entre ellas Cambula y El juego de la quimbumbia, (mención del concurso Casa de las Américas), cuentos, (con  veinte años ganó el Hernández Catá del año 1953) y muchos libros publicados o inéditos por suerte relacionados en una entrada de su blog.También, muchísima memoria. Recuerdos  de obras que vio en su adolescencia,  personajes que lo asaltaron en el camino –como Amalia Sorg– o  la puesta de Baralt de Juana en la hoguera, de Honegger, que mantuvo por horas a Adela Escartín atada a un poste.  A veces la recreación es parte de su obra, como La bella del Alhambra, su conocida película, es ficción y al mismo tiempo la mejor restauración de escenas de la tradición escénica hasta la fecha:  el célebre dúo del galleguíbiri y el mancuntíbiri (hay otras irrecuperables en montajes de Flora Lauten o Nelda Castillo) o la relación cómplice y entusiasta del público cuando convirtió el Milanés en el desaparecido Alhambra, rendido ante la belleza y los guiños de su vedette.
Mucho menos conocida es su faceta de actor y su participación en uno de los estrenos más importantes de los cincuenta. Lila, la mariposa, de Rolando Ferrer, estrenada alrededor del mes de enero del año 1954, el mismo de Las criadas, de Genet, en el minúsculo escenario del Palacio de los Yesistas en Xifré y Maloja, bajo la dirección de Andrés Castro, cuyo grupo ya se llamaba Las Máscaras. Estreno solitario como todos los de entonces, la obra se ponía una noche, cuando más dos o tres, pero por suerte, entre  los que participaron (Leonor Borrero, Elena Huerta, Carmen Varela, René Sánchez, Antonia Rey, Silvio Falcón ) ha quedado el testimonio de Enrique –intérprete de Marino– en la revista La Ma Teodora y el de Raúl Martínez – autor de la escenografía– en su libro Yo Publio, un telón  pintado a saber con el Malecón y el mar, cuya presencia es definitiva en la obra. Si esas fuentes me han servido para documentar en lo posible  la puesta en escena, ahora consulto,  mucho después de terminado El teatro perdido de los cincuenta en su versión octava,  las entrevistas a Enrique. Todas se interesan en cómo un joven, libretista de televisión y premiado cuentista, se atrevía con el teatro. ¿Cómo es posible, parecen preguntarse?
Mientras el texto ha sido revisado en varias oportunidades –la última, el montaje de Lauten-Carrió con el Buendía–  como se sabe, las huellas de éstos son vestigios  a punto de destruirse en álbumes de recortes y en eso cada vez más indefinible que se llama memoria y parece no interesar a las nuevas generaciones. En su evocación Enrique habla del edipo raigal y la madre posesiva (Lila) que protege a su hijo de todas las contaminaciones para impedirle crecer y las mujeres que como parcas acaban con la vida de Lila... (costurera  como Luz Marina)  para "salvar" a Marino. Lauten-Carrió subvirtió el orden aristotélico de las escenas y la convirtió en un show radial. Andrés Castro, que trabajó muy cerca de Rolando Ferrer, fue fiel al texto que reclama como tantos, que alguien lo vuelva a revisar y  a reconstruir.
Enrique, Elena Huerta y Antonia Rey. Archivo de Enrique Pineda Barnet

10/20/14

Prometeo en sus viñetas

Algún día la revista Prometeo tendrá su multi-media (conozco quienes tienen muy adelantada la tarea pero no me corresponde dar la primicia). En sus más de veinticinco ediciones  recogió el nacimiento del teatro de la primera modernidad –de los estrenos de El chino (1947), Electra Garrigó (1948) a los tantos del Teatro Universitario, ADAD, Patronato del Teatro y Prometeo, entre otros–  una sección de crítica teatral a cuya cabeza estaba Manolo Casal, hermano de la actriz Violeta. También artículos teóricos, estudios y entrevistas. En Los años de la revista Prometeo llamé la atención sobre ella, pero después no insistí más en el libro,  que en rigor carece de asientos bibliográficos realizados por un especialista en la materia.  Y volqué lo más importante para mi búsqueda  en El teatro perdido de los cincuenta. Conversaciones con Francisco Morín. Datos esenciales sobre la revista que dirigió y codirigió (con Mario Parajón) en la segunda época y sobre el estreno de Electra Garrigó, dossier con algunas críticas que demuestran que aunque los grandes nombres se abstuvieron de escribir, hay muchos artículos valiosos y comprensivos de la naturaleza de ese estreno cuyo sentido transgresor todavía se discute.


Sin embargo, el tema de las viñetas de la portada y las escasas ilustraciones en la revista será objeto de otros, más conocedores. El investigador Miguel Sánchez León, autor entre otros de Esa huella olvidada: el Teatro Nacional de Cuba (1959-1961), me facilitó una lista de  autores de las portadas que ha localizado porque Morín no las recuerda todas y muchas firmas son muy difíciles de identificar. A veces magníficos artístas gráficos como Andrés García no están representados como en otras publicaciones y así hay muchas otras mediaciones, errores o descuidos. Raúl Martínez tiene una portada con el nombre de René. Y no voy a descubrirlos para mantener el interés y abogar porque se publique digitalizada en alguna colección o se reúna en una multi-media.

Como se sabe, aquí mencioné el texto de Guy Pérez Cisneros, aparecido como una nota al programa o tal vez una presentación de La anunciación a María de Paul Claudel, dirigida por Louis Jouvet cuya compañía visitó Cuba en 1943. Morín republicó un texto que guardaba o  el mismo autor le facilitó. Las ilustraciones que lo acompañan están firmadas por Portocarrero, quien también colaboró con viñetas de portada y según el libro de Morín, hizo escenografía para uno de los montajes de la norteamericana Lorna de Sosa. Es autor de uno de los logotipos de Patronato del Teatro.
Mis fotografías han sido tomadas para mi estudio  (no sirven para publicar porque tienen un flashazo y porque tapé con un pincel el cuño de la biblioteca) pero son útiles  para adentrarnos en lo mucho que nos falta por saber de Prometeo.  

9/28/14

Hilda Oates y Alicia Mondevil

Roberto Blanco las reunió en María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa. Alicia Mondevil a la izquierda, junto a Hilda Oates en  la imagen tantas veces reproducida, que resurge con la muerte de la primera  de las María Antonia. Roberto encontró su cuerda en muchas actrices, desarrolló toda la potencialidad de  Alicia, Susana Alonso, Elsa Gay, Lili Rentería  y tantas otras y también de  Hilda, con tanta fragilidad interior y tanta fuerza externa,  una antes de la obra y otra después. Roberto aprehendió con Morín, con quien trabajó como actor en Prometeo, la espectacularidad esencial que volcó en otros montajes  de finales de los sesenta como Lumumba o una temporada en el Congo, de Aime Cesaire. En María Antonia rompe con los estereotipos y la estampa del solar, los barrios populares y traslada la violencia de la vida cotidiana al escenario con decenas de bailarines, músicos y actores.
La fotografía  completa  la conversación de Zoila Sablón con Eugenio, en la que se menciona la puesta. Estuve  cerca de ella cuando viajó a Canadá a la primera edición del  Festival de Theátre des Ameriques, por la osadía de María Helene Falcon en 1985 y sé que escribí pero no encuentro el recorte. Roberto Blanco la retomó después de catorce años, según sus palabras en esta entrevista y artículo,  porque estaba  viva y los actores la acometieron como si la hubiesen dejado de hacer ayer, y estuvo entre sus planes retomarla desde la creación de Irrumpe,  aunque en el festival, por obra quizás de un escenario a la italiana, muchos espectadores y periodistas apreciaron sólo lo externo y la compararon con CarmenPorgy and Bess y West Side Story. Carmen caribeña. Un poco después será "María Antonia: wa-ni-ilé-ere de la violencia", el artículo con el que Inés María Martiatu fue premiada en la revista Tablas. Ella le imprime a María Antonia,  escribe Martiatu, una "majestuosa sobriedad que la aleja de todo pintoresquismo". También Mondevil otorgó al personaje con sus súplicas y ruegos esa serenidad interior.

9/24/14

Curiosidad

Una travesura de Aldo Menéndez en el diseño (con una obra de Tomás Sánchez) y Google clasifica esta revista de 1975, quizás por la portada, como de 1892 pero mejor no decirlo para que se pueda consultar ya que no hay nada digitalizado de la  Revolución y Cultura de esta época.

En esta tesis por cierto muy documentada un libro mío que no existe de una editorial en la que jamás publiqué.

9/10/14

Ocho años del blog o pequeña descarga

La flecha en una librería de viejos
El blog me ha traído muchos estímulos y gratificaciones. Aquí han empezado algunas ideas transformadas en libros digitales o en papel  y se han iniciado conversaciones, encuentros y reencuentros con temas viejos, libros y personajes.  A veces decae, no se lee casi y otras resurge porque hay alguien que se tropieza con  una entrada que resulta de su interés. El 13 de agosto cumplió ocho años y de persistente que soy,  quisiera llegar a los diez para "cumplir la meta" que me he trazado sola, a falta de otro diálogo y para suplir el que muchos otros tienen en las "redes sociales".
Aunque trato de no hablar sólo de mis proyectos, para no aburrir, a veces resulta inevitable. Latin American Theatre Review ha publicado la entrevista "Todo está en el archivo" de Carlos A. Aguilera en el número 47/2 Spring 2014. pp. 91-107 , revisada por el infatigable de Incubadora, que tiene todavía más preguntas.  Es una alegría  recordar a George Woodyard a quien agradezco la edición del capítulo de Flora Díaz Parrado cuando ni pensaba integrarlo a un libro y con quien compartí un  atasco de película en Caracas, camino de la Concha de Bellomonte, pero sobre todo, ver en acción a los nuevos de la redacción que continúan su trabajo, como debe ser.
Por el blog y gracias a él he conocido a jóvenes empeñados en sus tesis y trabajos de clase, necesitados de un dato, que si no está en el blog, facilito si tengo a mano y si no, a veces busco. En ocasiones hay suerte. Algunos tienen excelentes libros como Indira Ruiz, con algunos la relación continúa, o se limita a esa búsqueda puntual. Entradas que he creído  «descubrimientos» como los teatros caseros de Dulce María o las crónicas de San Duarsedo han sido poco leídas. Enfurezco cuando copian de forma literal pero ni lo enlazan ni lo señalan como fuente y me animo cuando veo discusión e intercambio de ideas en otros blogs.
Este año ha sido el de los "precursores y prometeicos" y los capítulos inéditos de Myriam Acevedo mientras trabajo en un libro sobre actores cubanos hasta 1902. No es un diccionario, no pretende abarcar, sino apuntar y sugerir dentro de la pobreza que existe sobre el intérprete que casi nunca dejó memorias y del que casi no se escribieron  biografías. Manuel Villabella, el historiador premiado por su libro sobre el "negrito", en preparación por la editorial Tablas Alarcos, escribe un capítulo sobre Santiago Candamo, nuestro cómico de la legua, como él le llama,  en el que profundiza y completa su Costal al hombro.  El blog va tan lento que hasta me olvidé del 13 de agosto. Seguimos, como diría Grotowski, mientras exista un solo espectador.

9/1/14

Bufos huérfanos


¿Lo tendrán más fácil los estudiosos del futuro a partir de los  avances tecnológicos del libro y las bibliotecas? A veces pienso que sí y otras me entran muchísimas dudas. La parcelación de las bibliotecas  con obras en el dominio público va viento en popa y a toda vela y si no se pertenece a una institución que ha comprado el servicio se hace mucho más difícil la búsqueda y consulta. Léase Hathi Trust.  Se puede consultar pero no "bajar" ningún texto ni ordenar o almacenar las búsquedas.  Y como ésta, muchos otros espacios académicos y de investigación  están vedados a quien la realiza fuera de sus marcos. Algunas como UCLA limitan este uso a los usuarios "externos". Se entiende la necesidad de "proteger" los fondos,  mantener el prestigio o costear de alguna forma el gasto que supone mantener una biblioteca de esa categoría. Pero no es lo que se espera de las posibilidades que brinda la internet.
Por otra, si  alguien hace nuevas ediciones con libros del dominio público,  de inmediato pareciera tienen prioridad en la búsqueda de Google, sin discriminar si provienen de Lingkua –editorial  seria que  disemina un saber de forma legítima – o de cualquier otro transcriptor de  textos. No tendría importancia, si no fuera porque la obra original rara vez reaparece.
Hay en Amazon  algunos textos del teatro bufo. Apuros de un figurín, de Manuel Mellado, El bautizo, de Francisco Fernández Vilarós, El proceso del Oso, de Ramón Morales, El otro, de José María de Quintana. Si le ahorra al investigador la consulta de antologías sepultadas en las bibliotecas, y puede que sirva a algún grupo que desee montarlas, carecen de prólogo o es muy escueto, tienen datos mínimos, no aparece el reparto o como El bautizo, se publica sin las restantes de la trilogía. Esta es una revisión muy superficial y no puedo dar fe del estado de la "copia". Y están Bibliolife, Nabu Press y otras que han concentrado el mercado del patrimonio y Amazon  que no selecciona pero brinda  herramientas a los autores y su sistema de distribución. Correspondería  a la crítica preocuparse por los textos huérfanos de protección y llamar la atención sobre el fenómeno y desde luego, emprender nuevas selecciones.

Mi recomendación si se trata del bufo: 
Feijóo, Samuel. (ed.) Teatro bufo. Siete obras. Las Villas: Universidad Central de Las Villas, 1961.
Leal, Rine (ed.) Teatro bufo Siglo XIX. Antología. Tomo I y II. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1975.
Montes Huidobro, Matías. Teoría y práctica del catedratismo. Honolulu: Editorial Persona,1987. (La trilogía de Fernández Vilarós, estudios de Montes Huidobro y de Escarpenter y un glosario).
Sarachaga, Ignacio. Teatro. [Editado por Rine Leal, autor del prólogo]. La Habana: Letras Cubanas,1990.

Las ediciones originales, en Internet Archive  entre otras tantas bibliotecas como la Digital Hispánica de Madrid donde están dos textos de  Pancho Fernández.

Esta es la edición comentada de El bautizo, de Fernández Vilarós.
El bautizo, edición de Sánchez







7/28/14

Myriam Acevedo: el mapa de La Habana

Por los años noventa mis hermanos me mandaron desde Miami un mapa de la Habana. Jorge * y yo lo queríamos tener desde hacía años. Jorge se posesionó inmediatamente del trazado, que nos trajo tantas reminiscencias y tantos amados recuerdos.
Yo inmediatamente fui a nuestra calle Súarez, Jorge, a su barriada del Cerro (Vista Hermosa entre la Rosa y Lombillo, cerca del parque Tulipán, su casa). Allí nació y se crió.
Yo me fui, tomando por la calle Súarez hasta el cuartel de San  Ambrosio y de ahí a Tallapiedra. La bahía estaba a dos pasos de nuestra casa…

Después hice el recorrido de mi casa a la Academia de Arte Dramático en Rastro y Belascoaín.
Es un recorrido para mí significativo, me explico. Fui a estudiar  piano a la Academia de música, y al mismo tiempo, entré en la escuela de Arte Dramático. Adolfo de Luis me presentó al examen de admisión, me había visto recitando y me incitó a presentarme con una poesía de Santos Chocano “La fuga”. La operación era muy kitsch, pero dio sus frutos. Entré en la Academia de Arte Dramático por todo lo alto.
El piano me resultó muy duro, y lo dejé a la mitad del curso, pero en cambio, me gradué en la Escuela de Arte Dramático.
Descubrí que la calle Gloria me llevaba derechito a la Academia en sólo trece cuadras, este número lo recuerdo perfectamente, y ahora lo comprobé mirando el mapa.
Siempre he tenido debilidad por la urbanística, y seguramente fue ésta la causa por la que descubrí  que llegar a Belascoaín atravesando el centro de La Habana es más largo  y que Gloria me llevaba directo.
Me gustaba mucho ese recorrido porque iba siempre mirando las casas mientras trataba de descubrir algún curioso.
Otro recorrido que seguí en el mapa fue el camino de mi casa al Instituto de La Habana. En  invierno Alberto y yo salíamos casi de noche para ir al Instituto pues las clases comenzaban a las ocho. Tomábamos Súarez hasta Monte, atravesábamos el parque de la Fraternidad, cruzábamos el Teatro Martí y llegábamos al plantel.
Otro que  pocas veces hice a pie fue el de la casa de Julia Astoviza en la calle Inquisidor. Veo en el mapa que está como a dieciséis cuadras. Casi siempre iba en tranvía, creo que tomaba el Luyano-Malecón.
Después estaba el  usual a La Habana Vieja que hacíamos  Lilia y yo, o Lilia, Alberto y yo, ya que se iba a comprar a Muralla, al barrio de los judíos, casi siempre bajo un sol que rajaba las piedras.
Allí en Muralla, en las quincallerías y las tiendas, se compraba telas, abanicos, prendas, un sinfin de cosas. Lilia era experta en comprar bueno y barato. La ropa de mamá, Lilia, Alberto y la mía se cosía en casa.
Después hice el recorrido por el Paseo del Prado hasta el Malecón. Prado arriba, Prado abajo.
¡Qué bello el paseo del Prado !
¡Qué bella nuestra ciudad!

* Jorge Carruana. Pintor y diseñador, compañero de Myriam desde finales de los sesenta.  Este texto es parte del libro de memorias de Myriam Acevedo.

7/22/14

Myriam Acevedo inédita


Hoy hace un año  Myriam Acevedo murió sin despedirse. Después de la exitosa gira europea de La noche de los asesinos, de José Triana  en 1967, se establece en Italia con el pintor Jorge Carruana y se inserta en su vida cultural: colabora con grandes figuras –Luigi Nono y Luca Ronconi–  y crea como en El Gato Tuerto, sus espectáculos, su dramaturgia del actor. De niña estrella de la Corte Suprema del Arte a  figura de ADAD, Patronato del Teatro y Prometeo, deslumbra con Las criadas en 1954, pero viaja a Nueva York en busca de otros horizontes para regresar  a La Habana  en 1960 a interpretar grandes personajes. Sin embargo, como le confió a Tania Quintero   en la que sería su última entrevista, escribía un libro.
A partir de su muerte, Diana Caso García y Xerxes Carruana, hijo del último compañero de Myriam, el también diseñador Carruana, recopilan, preservan, organizan y buscan el mejor destino para las fotografías, cartas, programas, recuerdos  y obras de arte de su legado. ¿Y el libro? Francisco Morín leyó capítulos que le llegaban por tierra y aire y con seguridad muchos de sus amigos conocen  fragmentos mecanografiados por su amiga argentina. Según Diana, casi trescientas páginas  divididas en más de ochenta, firmados por la que nació Miriam de Jesùs de la Caridad Gonzàlez Acevedo Colina, fue Miriam y Myriam con la y griega. Un libro fantómico comenzado  en el año 2007 y que nunca dio por terminado. Viñetas, recuerdos, cartas,  vivencias de su iniciación y su trabajo en la radio, el teatro y la televisión,  Acevedo junta picaresca,  poesía y música, el mundo de su adolescencia y el de su adultez, con sus sueños y  pesadillas, pero no se concibe como el personaje principal. Los protagonistas  son otros, su madre, su familia, sus hermanos, el poeta amado, el amigo escritor, otros actores, los activistas por la democracia,  su país natal y sus ciudades, La Habana y más que Roma, el barrio de  Monteverde donde vivió.  Extenso y a veces disparatado, loco, travieso e inclasificable, La Flecha... ha escogido para recordarla no los mejores fragmentos del libro sino los más cortos y apropiados para el blog. Recordamos así a la actriz cubana que un buen día fue Myriam con la y griega sin más. A partir de hoy, gracias a la amabilidad de Diana y Xerxes, esperen otras entregas.


Myriam Acevedo: A Adolfo de Luis

De izquierda a derecha: Oscar Hurtado, su hermano, esposa e hijo, Adolfo de Luis, Myriam, René Sanchez, Fermín Borges, Dumé y su hermano Orlando en el extremo derecho. Recibimiento en La Habana a su regreso de Nueva York, 1960.

Roma, 23 de junio de 1994

Amigo Adolfo:
Tanto, de tanto, pero que de tantas historias reales, inventadas, construídas, historias de vida que han quedado suspendidas en un espacio tiempo, si una mano así, de pronto, con una decisión sin vuelta atrás, decide poner coto a las calendas griegas y se prepara a pronunciar «como decíamos ayer», ¿qué decir? , ¿por dónde empezar? ¿Cómo recomponer, ajustar, salvar un tiempo-espacio perdido para siempre? ¿Cómo hacerse presente en el exiguo contenedor de una página?
¿Es posible reanudar, como si nada, así, de pronto, como un aguacero repentino, historias largas y breves, experiencias, nuevos hábitos, amigos encontrados por el camino, escenarios contaminados con percepciones insólitas, libros leídos, conversaciones que han merecido la pena, maravillas que nos han encendido la mirada, todo? Todo, todo y cada cosa que se respeta en un lugar de privilegio, celado en nuestra memoria, y así, amigo mío es que yo, hoy 23 de un junio que está terminando, me insinúo entre un ir y venir de cosas y de gentes y te digo, ciao Adolfo, ¿cómo estás? Y aquí se forma el titingó.
Ah, tú, ¿cómo, por qué, dónde ?… La Academia de arte dramático, la alumna de tez blanca como la cal,  cuya intimidad, según las malas lenguas no conocía el blúmer, Morin, “la fuga ” de Santos chocando, la poesía que me introdujo en la institución teatral, ah… “desmesurados ojos negros”, pestañas imposibles las del de Luis, Vicente Revuelta, El niño Eyolf, Sin salida, Calígula, Gina Cabrera, Raquel Revuelta... El director de la Academia, Aparicio, cuyo tentáculo machista quiso embrujar a la Acevedo cuando al pasar los dos por una calle de la Habana,  él le dijo ¡ah, mira, tengo la llave ¿entramos? delante de una escuálida puerta pintada de verde. Y ella respondió con un NOOOO, grande como una casa solariega.  Pensar que el Aparicio era un don Juan…
Actor y director Adolfo de Luis
Y el profesor y crítico Alemán, que un día plomizo de octubre, propuso a la eminente alumna Acevedo un paseo desde la biblioteca del Lyceum en el Vedado hasta los arrecifes donde el mar rompía con furia. Un espectáculo que no he perdido en la distancia.  Nos encaminábamos por las calles que dan al mar, ah, ese nuestro inmenso mar, hablando de ...  de Shakespeare, de Sartre, hablando y hablando hasta que el profesor, lejano cada vez más de cualquier argumento que no fuera el incontrolable deseo de poseer allí y en el momento a la siempre susodicha alumma. El profesor se decidió, contra viento y marea, la dura roca y las miradas descaradas y lascivas de tres o cuatro rascabucheadores (están pero no se ven) a ejercitar con el manejo incontrolable de su miembro en acción, su poder seductor. La Acevedo era (y es) selectiva y el profesor más aburrido del mundo, tuvo que irse con el rabo caído entre las piernas pensando, quizás probando de nuevo en otro momento más oportuno y dentro de otro paisaje menos inquietante.
Sigo adelante, tratando de ordenar, o más bien de seleccionar fragmentos de historias que nos son comunes.
Creo que nos basta un nombre, quizás hasta un adjetivo…
estupendoooo, o un adverbio, maravillosamente… y sabemos a qué irá dirigido. Una  persona, una obra, un mar in crescendo, una casa de Regla o Casablanca, y así voy reconstruyendo a medida que escribo, retazos de mi vida.  Hablo de un pasado que para mí es como un eterno presente. He cambiado mucho y poco. La Acevedo sigue siendo en peso y alma una adolescente sin remedio.
Tengo la misma talla y una insólita y rara debilidad por los amigos. Hace un mes escribí a nuestro amigo Morin, recibiendo puntual su respuesta, pero en tono menor.
Creo que el incansable amigo estaba cansado y esto se tradujo en una misiva breve y con poca información, y sin esa parte lacónica que lo ha caracterizado siempre. Espero vendrán cartas más sustanciosas.
Si me escribes contándome un burujón de idas y venidas, de razones y sinrazones, chismes, contra-chismes y todo lo que te de la gana, prometo contracambiar con una carta más enjundiosa.
Hasta aquí un poco de mí.
Un fuerte abrazo.
Myriam