4/4/14

Rectificar: Iván González Cruz

Sólo la sicología y el remodeling pueden explicar por qué por varios días, quizás semanas, ha circulado la crónica sobre Lezama con el nombre equivocado de quien ha trabajado tanto por sus archivos e indagado sobre su obra. No quiero pensar que ya es hora de cerrar el blog, pero  le adjudiqué un nombre sonoro y compuesto o me  confié en la memoria, bajo el efecto de un desagradable olor a barniz, de esos que no debieran permitirse más, como tampoco el componente químico de tanto mueble que se construye y no por culpa de Juan.  Mis excusas al autor y a los lectores (quizás no se dieron cuenta porque cada vez  lo leen menos  o sí pero no dicen nada, me  dejan por incorregible ). Sigo pensando que los blogs son la lírica de la internet y los errores siempre tienen una solución, aceptarlos y enmendarlos. Para reivindicarlo, una vieja crónica de William Navarrete. http://cubalpairo.blogspot.com/2008/07/ivn-gonzlez-cruz.html

Y me despido hasta que el aire puro se restablezca no en el cuarto de la actriz sino de la escribana.

3/13/14

El cuarto de la actriz

Tomada de Cubadebate


Los cuartos de las actrices, para Aniceto Valdivia, el Conde Kostia, que frecuentó muchísimos, eran "casi siempre, un cuarto sin luz, que no penetra a través de ventanas de vidrios grasientos, con sillas de paja por únicos muebles, una tablita de pino blanco sobre la cual se ve un montón indescriptible de potes de bermellón, vaselina, vasitos, canecas de ginebra, y trapos que semejan sayas." Allí, "mezclados  los perfumes más diversos, voltea una bruma de polvos de arroz, de humo y microbios".
Mientras a Casal le interesaron la arquitectura y los telones, (el frontispicio rojo fileteado de oro iluminado por esa lámpara de luz eléctrica que hace «resplandecer los diamantes») y el olor nauseabundo que llega de la cazuela,  Aniceto es uno de los pocos que  evoca el interior del teatro. Por eso incluí "Los bastidores" en mi selección de Escritos de teatro..
El camerino de Candita Quintana, donde hablé con ella en 1970, y a donde la seguían tres gatos y la esperaban otros muchos, era un sitio atestado de objetos, bastante oscuro, con un solo bombillo. Alrededor del espejo y pegadas con chinches, fotografías de sus grandes momentos. Era muy diferente a éste, del Teatro Martí restaurado. Dentro de cincuenta años ya tendrá olores, pátina y  será habitado por fantasmas.

3/9/14

Audaz Lezama Lima 1958



 Citada en la bibliografía de Lezama Lima y en los archivos estudiados  por Iván González Cruz, no sé si está publicada en las tantas ediciones de sus entrevistas. Tampoco, si pueden leerla así, por el esfuerzo de ampliar una letra tan pequeña. Vale la pena. La teoría generacional es una "malintencionada filfa" y la poesía, la suprema expresión del pensamiento cubano. Y sobre todo, añade quizás algo a tanta especulación sobre su gusto por el retrato, fotografiado de traje por Bastián con el entrevistador, grave, sereno, o entre sus libros. Si  todos los lezamianos la conocen,  excusen la redundancia. Si la quieren ver un poco más ampliada, en los dos files de Audaz Lezama Lima.
"Audaz tesis de Lezama Lima sobre la impronta filosófica del pensamiento nacional de Cuba." Ent. Luis Gutiérrez Delgado. Diario de la Marina, La Habana, 6 jul., 1958, 6-D / 7-D. En Digital Library of the Caribbean.










3/1/14

El Martí de Enrique Núñez Rodríguez

1967. Consejo Nacional de Cultura.
Entre 1965 y 1972 el grupo Jorge Anckermann ocupa el teatro Martí con treinta y siete títulos estrenados, según el  Fichero Teatral publicado por Tablas. La mayoría, obras renovadas del bufo  o  intentos de  restaurar el "vernáculo" con temas de la actualidad.  Su autor más prolífico, Enrique Núñez Rodríguez, famoso escritor de programas humorísticos de radio y televisión,  con doce. Uno de ellos,  la reposición de una comedia, mención del concurso Luis de Soto del Patronato del Teatro, estrenada en  la sala Talía en 1958: ¡Gracias, doctor¡  También  El bravo, ¡Voy abajo!, El dengue, y No tengo edad, con música de Rodrigo Prats.  ¿Qué traigo aquí?  y Dios te salve, comisario, con la de José Urfé; Territorio libre de hombres; de Enrique Jorrín,  mientras Buen aniversario, Nueva en esta casa, Una sola miradita o la coneja no falla, parecen ser dramáticas y Fiesta de julio en el Martí, una revista musical.
Se representaron además obras tradicionales del repertorio bufo. El espiritista, de Ramón Espígul padre, dirigida por su hijo; El velorio de Pachencho, de Francisco y Gustavo Robreño con música de Manuel Mauri y Los negros catedráticos, de Francisco Fernández, con música creada por José Urfé. Extenso sería citar al resto de los autores, pero destacan Arturo Liendo, El remero respetuoso y Yo soy aquella; Eduardo Robreño, Recuerdos del Alhambra y Quiéreme  mucho, con música de Prats y  Eliseo Iglesias Novoa, Millonarios socialistas, La primera dama y Ah, el Escambray, entre otros.
De encontrarse los libretos, merecería un estudio más detallado. Núñez Rodríguez, en la tradición de Covarrubias, al parecer no publicó ninguno, ni siquiera su comedia "mencionada" el año del premio para El príncipe destructor, de Paquita Madariaga, que no se estrena ni conoce nadie entre los que he entrevistado. Pero ¡Gracias, doctor! mantiene una temporada exitosa en la sala Talía y se anuncia como parte del mes de teatro cubano de febrero de 1958 junto a piezas de  Virgilio Piñera, Paco Alfonso, Ramón Ferreira y María Álvarez Ríos. Con Minín Bujones, Eduardo Egea, Lina Brando, Fausto Montero y Eloísa Álvarez Guedes, bajo la dirección de Reinaldo de Zúñiga  Se presenta  como “obra simpatiquísima, desternillante”.

No encontré ninguna reseña en ese mes pero sí a partir de julio de 1958. Antes, Núñez Rodríguez  incursionó en el teatro paródico con La chuchera respetuosa, interpretada por Rita Montaner.
1965. Manuel Vidal  y Rolando de Oráa

 Si el  Anckermann de Núñez Rodríguez reunió un público alborozado, recibió dardos por todas partes. Su autor los recuerda en ¡A guasa a garsín! (La Habana: Ediciones Unión, 2003), sobre todo, cuando Dios te salve... cayó en el index de los setenta. En su relato apenas alude a sus otros éxitos en el teatro, a saber su adaptación «cubana» de Aniversario de bodas, de Chodoray y Field, dirigida por Reinaldo Zúñiga con Fela Jar y Pedro Álvarez  por varios meses en la sala Prometeo en 1959. Muchos de los estupendos carteles están en la colección de la Universidad de California Berkeley en colaboración con la Biblioteca José Martí. El programa existe.  ¿Y los libretos?

2/27/14

Del Irijoa al Martí

  
Teatro Martí 1901 en Cuba y América


Rafael Pérez Cabello, primer autor de un libro de crónica teatral (En escena. Crónicas y retazos literarios. La Habana: Imprenta El Fígaro, 1898), incluyó entre muchísimos grabados, el del  Irijoa, inaugurado el 8 de julio de 1884 y celebrado como el más fresco del país. Zerep lo describe con amplios detalles (el número de sus lunetas, fuentes y jardines ) y lo acompaña de un retrato de Felicia Crespo, viuda de su dueño, Ricardo Irijoa, a cargo del inmueble. Sin embargo, con su acostumbrada exigencia y profesionalismo, no celebró todo lo que vio allí y si le complace La mulata María, de Federico Villoch, con música de Raimundo Valenzuela a pesar de la paliza que recibió de La Correspondencia Militar – " ¿No es él, acaso, fluido prosador y fácil y sentido poeta? De esto último hay muy marcadas huellas en La mulata María. En la intencionada y graciosa letrilla que dice:«Rasca, Dominguito, rasca»–, totalmente desatinada juzga Al romper la molienda, de Ramón Barreiro, aunque comprende que será "muy productiva. Conozco, de sobra, al público llamado a presenciarla. ¡Tiene unas aficiones!...ya que a su juicio al pasar en un ingenio; y tener música, de Rafael Palau,"muy pegadiza, de sabor muy campestre, abundando en puntos del país". Ponderó a los mejores artistas de Irijoa, los más guasones y  distinguió a Lima, el eterno desplante".
En mi recorrido por la crítica, la crónica  y la gacetilla,  recopilé referencias al Irijoa no sólo como albergue de compañías líricas o "zarandajas bufas" al decir de Zerep, sino teatro dramático.
En 1901 se espera la llegada  allí de  Luigi Roncoroni con su versión de El Tenorio... y tres años después Fructidor (Adrián del Valle)  en su crónica para Cuba y América no es demasiado benévolo cuando escribe:

Los domingos, en este teatro, se dedican al drama fuerte, fuerte como el amílico y capaz de estragar el gusto más rudo. Los sábados es otra cosa, se recurre a un término medio, como si dijéramos aguardiente compuesto: se ponen en escena los dramas de Echegaray.

Ya renombrado Martí, destacan sus conciertos y su café-cantina así como las representaciones a precios muy baratos en los jardines, entre ellas, las últimas de Salas, director de la segunda vuelta de los bufos. El teatro de "las frescas brisas" lo llama un cronista en comparación con el horno que era el Albisu. En 1902 actúa allí Teresa Mariani con su escuela "natural" mientras María Guerrero acapara el Teatro Nacional, pero en 1925, el Conde Kostia da cuenta de una malísima compañía de zarzuela que tiene más público que Esperanza Iris.

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2/25/14

Río Prado sobre el Martí

Fotografía tomada de Cubadebate
 La Flecha reproduce un artículo de Enrique Río Prado

 Renace el Martí


Por Enrique Río Prado

 Finalmente, después de varias décadas de espera y añoranzas, podremos asistir al renacer de uno de los pocos teatros habaneros avalados por su existencia útil para el arte y la historia durante más de una centuria.
El teatro Martí es el único escenario capitalino inaugurado en el siglo XIX que conserva la estructura de su sala, su edificio y su entorno según los diseños originales.
Su sala se revistió de contenido patrio al servir de sede a las sesiones de la Asamblea Constituyente de 1901, durante las cuales se firmó, para vergüenza de los buenos cubanos, la oprobiosa Enmienda Platt. Fue en ese mismo año en que el teatro recibió el nombre de José Martí.
En lo concerniente a su vida artística, es preciso aclarar, ante todo, que el Martí ha sido el más criollo de nuestros teatros, al dar acogida a las más puras tradiciones de la escena nacional. (1) Desde su apertura en 1884, con el nombre de su propietario —Irijoa—, este espacio escénico cobijó importantes temporadas de teatro vernáculo en la época de los bufos. Baste decir que en su escenario tuvieron lugar los estrenos, ambos en 1896, de La mulata María, una de las primeras obras de Federico Villoch, con música de Raimundo Valenzuela, y Mefistófeles, uno de los últimos títulos de Ignacio Sarachaga, con música de Rafael Palau.
Ya en pleno siglo XX, sirvió de espacio a la mítica temporada de zarzuela cubana, dirigida por Agustín Rodríguez y los maestros Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, en la que un elenco de lujo diera vida a las obras Cecilia Valdés (Roig), Amalia Batista, María Belén Chacón (Prats) y Rosa la China (Lecuona), por no citar más que unos pocos títulos, entre más de 300, que fueron estrenados en el transcurso de seis años, entre 1931 y 1936. En dicho período, crucial en la historia de Cuba, el Martí no fue ajeno a las luchas populares que culminaron con el derrocamiento de la dictadura machadista, en 1933. Por otra parte, durante algunos meses de clausura en 1935, en que la sala fue arbitrariamente convertida por sus propietarios en “cinematógrafo”, la protesta de los artistas desplazados culminó con una victoria, relativamente breve, y con la fundación de la Asociación Cubana de Artistas Teatrales (ACAT), agrupación que funcionó hasta inicios de los años 60. (2)
Sus camerinos fueron ocupados y las tablas de su escenario fueron trilladas por varias generaciones de grandes artistas cubanos. Consuelo Novoa —intérprete de La mulata María (1896) y la primera Dolores Santa Cruz, en Cecilia Valdés (1932)—, Benito Simancas —uno de los mejores negritos del bufo del XIX—, Alberto Garrido, padre, llamado “el negrito del Martí”; Arquímedes Pous, María Pardo, Elisa Altamirano —mexicana, la primera Cecilia Valdés—, Alberto Garrido, hijo, y Federico Piñero —una de las parejas de negrito y gallego de mayor arraigo popular en su tiempo—, Caridad Suárez, Miguel de Grandy, Rita Montaner, Hortensia Coalla, Luisa María Morales, Panchito Naya, Marta Pérez, Maruja González, Rosita Fornés, Esther Borja, María de los Ángeles Santana, Mario Martínez Casado, Carlos Pous y José Sanabria, son unos pocos nombres venerables entre tantos otros integrantes del parnaso artístico cubano que ofrendaron sus mejores actuaciones en las tablas del Martí.
Los avatares de su construcción, su vida cultural y los inicios de su problemática y finalmente exitosa restauración han sido detallados en el excelente libro de la arquitecta Nancy González Arzola, Teatro Martí, prodigiosa permanencia (Ediciones Unión, 2011).
Ahora que el pequeño coliseo vuelve a la vida, se impone recordar entre aquellos grandes artistas, los nombres de quienes asistieron en mayor o menor medida al inicio de su etapa de silencio crítico, en la década de 1970. En representación de todos ellos, Alicia Rico, Candita Quintana, Eduardo Robreño y Enrique Núñez Rodríguez, donde quiera que estén, pueden sentirse satisfechos y felices.


NOTAS:

(1) Debe significarse, no obstante, que su escenario sirvió para dar a conocer en Cuba la ópera Tosca, de Puccini, en 1902; numerosas zarzuelas españolas —La leyenda del beso y Los gavilanes, en 1924, entre otras—; así como algunas importantes piezas de teatro contemporáneo —La muerte de un viajante, de Arthur Miller, en 1953.
(2)Estos hechos se describen detalladamente en mi libro La Venus de bronce. Una historia de la zarzuela cubana. Editorial Tablas-Alarcos, 2010.

Fuente: CUBAESCENA

2/23/14

Las Tulas de Montes Huidobro

Retrato de Antonio María Esquivel tomado del blog La divina Tula, de mi preferencia.
La Avellaneda regresa  triunfante como personaje. Matías Montes Huidobro concibe La Avellaneda una y otra vez en siete partes que podrían funcionar como obras independientes o actos, entre ellas, un monólogo o unipersonal en el que Gertrudis dialoga con las cartas que escribe a Ignacio de Cepeda.  Prevalece en su arquitectura, una imagen majestuosa,  presidida por tres personajes, Tula, Gertrudis y la Peregrina, que  interactúan entre sí y con más de veinte caracteres, que, de acuerdo al autor, pueden reducirse  a doce y transitan una escenografía que a partir de un muro y una rampa,  abarca el espacio geográfico en el que vivió la Avellaneda. La idea de cubrir, historiar y documentar  una vida y una obra que se resisten a ser enmarcados, crea una tensión legítima entre la fidelidad al material  y a las extensas citas de la obra literaria de Tula y la plasmación de éste como carne y hueso en la escena y, sobre todo, lo más arriesgado, que Tula o las Tulas vivan en el escenario en su dimensión espiritual.  No creo que la extensión o las citas interfieran en que un director logre un  espectáculo, sino más bien que la ausencia de la «gran» biografía de la Avellaneda  obliga a casi todos los que emprenden llevarla a escena, a insistir en hechos  que podrían ser  sugeridos o esbozados en aras de aligerar y no solamente de ropas a este personaje-emblema cuyo bicentenario celebramos.  El autor lo consiguió en Un objeto del deseo, una pieza larga para tres personajes, José Martí, su esposa Carmen y Lucía, uno de sus personajes de ficción.

Sin embargo, es difícil que obras así lleguen a la escena. Pienso en La divina Fanny,  (1995) o Las tres partes del criollo (2003), de Antón Arrufat, nunca representadas, salvo la primera como ballet, a pesar de su excelencia y apuesto por nuevos  directores que no se asusten con los clásicos, con el teatro histórico ni con los extensos repartos. Piense el lector en los muchos  personajes de Calígula, de Camus y las reducidas dimensiones de una salita como Prometeo donde Morín la estrenó  o los montajes de Roberto Blanco, de Valle Inclán a María Antonia, de Eugenio Hernández. 
Montes Huidobro se propuso  unir  al estudioso y el dramaturgo, y envuelto en una capa, se presenta como el Autor que ironiza, comenta y se integra a la acción para develar una imagen multifacética, pasional y profunda, que se abre paso a pesar del peso de la Gertrudis grave y monumental. Sorprende un "juicio" ¿uno más? a la Avellaneda, en la tradición del enjuiciamiento de los bufos y Falsa alarma, con Fornaris, Portuondo, y hasta Piñera presentes en el tribunal y desde luego, su regreso a Cuba y la “coronación”, momento en el que al fin, las Tulas oyen un eficaz leit motiv sonoro, el repicar de las campanas de la Soledad.


La Avellaneda una y otra vez, Plaza Editorial, 2014. www.plazaeditorial.com


2/14/14

Precursores y prometeicos II: Magali Boix

Magali Boix
Cuando recibí estas estupendas fotografías de Magali Boix, actriz dramática, modelo y locutora  en la televisión (Alba Borrego e Iván Cañas, muchas gracias)  comprendí que sólo alcancé a  esbozar el impacto de la televisión sobre el teatro "perdido" de los cincuenta cuando de súbito, los actores dejaron las funciones solitarias de ADAD, Patronato y Prometeo, se convirtieron en estrellas fulminantes y accedieron a un público masivo y  la publicidad. No ocurrió de la noche a la mañana. La televisión amplificó sus rostros, ensanchó o disminuyó sus registros y creó un público asiduo e informado como nunca antes lo tuvo el teatro. Nacieron muchos de los nombres que nos acompañan hasta hoy.
Si generaciones que no conocieron a Raquel Revuelta ni la vieron actuar, decían su nombre cuando les preguntaban en el ISA por sus actrices preferidas, es en parte, por la información acumulada en los años transcurridos entre finales de los cuarenta y  1959. Nacieron las parejas románticas  protagonistas de las tele-novelas. Raquel Revuelta y Manolo Coego. Gina Cabrera y Alberto González Rubio. Minín Bujones y Eduardo Egea y Pedro Álvarez. Algunos fueron exclusivos de alguna firma comercial. Hubo quienes probaron suerte ante las cámaras sin éxito y otros que la pequeña pantalla arropó con fuerza desde el principio. Marisabel Sáenz fue, dicen,  muy «teatral» para el medio, pero Dulce Velasco, Adela Escartín y Berta Martínez, entre tantas, muy cotizadas en la televisión. No dejaron el teatro. En los años de su mayor furor televisivo, Raquel hace Juana de Lorena, dirigida por su hermano Vicente; Dulce Velasco, Las criadas con Morín; Adela tiene su propia sala teatral, Prado 260, con su esposo Carlos Piñeyro y Berta Martínez co-dirige El difunto señor Pic. La versátil Magali Boix integra el reparto El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura, estrenada en la sala de la Escartín  en agosto de 1957. Boix es una de esas figuras que como Gina Cabrera (que tiene su página en facebook), han recorrido de la radio a la televisión, el teatro y el cine. Y dentro del teatro, casi todas las responsabilidades. Un trayecto singular, que atraviesa muchos grupos y directores, de Dumé a Roberto Blanco, como actriz y productora de gran talento e inmensa dedicación. Una de las carencias del libro, sin dudas, es no haberla entrevistado. No pierdan la oportunidad.





 

2/5/14

Precursores y prometeicos I

Mes de teatro cubano 1958 en página del Diario de la Marina. 
Considerada un páramo, una tierra baldía o un momento de transición, la puesta en escena estrenada en Cuba entre finales de los años cuarenta y 1959, es un tema aplazado y casi enterrado. La Revolución de 1959 barre con los vestigios del teatro anterior y no sólo el producido en sus "salitas". Mi  libro, escrito a partir de conversaciones con Francisco Morín,  director del grupo teatral Prometeo,  se propone un registro y no un enjuciamiento de la imagen escénica en  años de  convulsión y crisis.  Empieza cuando muchos como él llegan a ADADEL, academia anexa a la Escuela Libre de La Habana y termina en 1959 cuando muchos regresan eufóricos a integrarse a la vida cultural y otros empiezan a marcharse del país. Todavía Mujeres de Claire Boothe está en cartelera, la obra más taquillera de las "salitas". Aunque Morín es el eje principal,  se nutre de fuentes documentales y testimonios para preguntarse sobre sus avatares y sus  paradojas. Entre éstos, además de las crónicas de En primera persona de Rine Leal, que todos hemos saqueado, las de Gastón Baquero, Francisco Ichaso y Walfredo Piñera en El Diario de la Marina, menos conocidas, sobre todo las de este último, asociado más al mundo cinematográfico; Manuel Casal en la revista Prometeo, Mario Rodríguez Alemán en Mañana y Matilde Muñoz en El Siglo.  También la colección de programas de Patronato del Teatro y Atelier en Cuban Heritage Collection. Una revisión pormenorizada de la prensa periódica arrojará sorpresas y lo harán otros con más calma.
Como todos saben, Morín escribió su libro, ha narrado su parte y su testimonio es intransferible. Nadie podrá contarlo a su manera y aunque le agradezco las horas que me ha dedicado, insistió en que no fuese un libro sobre él sino sobre todos los que sostuvieron contra viento y marea ese teatro "perdido"  así que se dedica a los precursores y los prometeicos. En próximas entradas, contaré no lo que hice (o estoy haciendo que el libro es un proceso) y pueden leer, sino lo que a mi juicio, quedaría por hacer. 

1/24/14

Teatro incompleto de Reguera Saumell

Releer el  teatro de Manuel Reguera Saumell es una deuda para muchos de nosotros. Conocido de manera incompleta, sus estrenos puntuales terminan con el de La soga al cuello, que Taller Dramático lleva a México en 1968 y aunque Recuerdos de Tulipa ha gozado de varios y una puesta en el cine y está antologada en Teatro cubano (Madrid, 1992),  nunca se ha leído reunido como una totalidad  a partir de El general Antonio estuvo aquí ya que hay obras como Propiedad particular, estrenada en el Rita Montaner, cuyo libreto se presume perdido. Arquitecto y pintor, reacio a los grupos y los encasillamientos, su obra más reciente es narrativa. La Flecha... que dio breve noticia de sus méritos, sorprende a Manolo en Barcelona para hablar de su obra dramática mientras ojalá  él busque  en un altillo, los manuscritos de las obras que necesitamos recuperar.

¿Cómo se acerca al teatro? ¿Desde la arquitectura?
Sara en el traspatio. 1959. Sala de Bellas Artes.


No creo que exista relación alguna, a menos que recurramos a la catalogación, que siento obsoleta, que se decía en mi época de estudiante de las "bellas artes", cuando se incluían arquitectura y literatura.  Yo había llegado a un acuerdo de horarios  con el Ministerio de la Construcción, que me ocupaba la mañana, y luego la sesión de la tarde la dedicaba a mi asesoría literaria en el Conjunto Dramático Nacional, lo cual me  facilitaba el tiempo necesario para escribir. No era la solución ideal, pero una dedicación total a mi principal interés no era posible entonces, al menos en mi caso. En aquella época, como en esta, “vivir del teatro”(exceptuando a los autores consagrados) era/es ardua tarea, pésimamente remunerada.
Eso explicaría, también, en que el tener todo el tiempo ocupado, (y falta de interés, en verdad)  me impedía formar parte de grupos. Yo creo que con los dedos de la  mano podría contar las veces que visité la UNEAC de la calle 17.
Mis amistades íntimas entre los artistas se limitaban a Rine Leal, Rubén Vigón, Gilda Hernández, Gloria Parrado, Miriam Cabrera Infante (que aún mantengo), Piñera (éramos vecinos) y poco más. Me relacionaba co n los actores del Conjunto Dramático y  con Carlos Felipe (a través de Rosa, su hermana), con Adolfo de Luis, Abelardo Estorino…

¿Cómo surge su primera obra, Sara en el traspatio?  Yo la siento deudora del teatro anterior, como el de Ramos, pero no la he releído completa porque jamás he encontrado la revista blanca donde apareció?  ¿Estaba completa allí?
Como te dije, mi amistad con Rine era entrañable. Asistí a sus cursos de la Academia [Municipal de Arte Dramático] (el de Estilografía teatral era soberbio, conservo  un ejemplar fotocopiado, a tu disposición) y  era muy amigo de Ingrid González, su mujer. Él  estaba al tanto de mi afición por la dramaturgia y me propuso que ampliara a tres actos una breve obrita que conocía sobre la vida en un central azucarero, para enviarla a un concurso de la Dirección Nacional de Cultura, de la que él era jurado. Lo hice y obtuve el premio.Cuando Rubén Vigón (también, jurado)  me propuso montarla, accedí sugiriendo a Rosa Felipe y Mary Munné como actrices (¡que acierto!). El resultado fue bueno, sobre todo de público, en el  teatro de Bellas Artes había colas. Fíjate que “Sara…” no es más que un culebrón tipo “novela del aire Palmolive” con ciertas pretensiones de autor (la misma intención que me llevo a escribir “El adolescente pálido” siglos mas tarde). Aquellos culebrones a los cubanos les gustaban mucho. Y les siguen gustando.
Creo, como tú, que Sara… le debe mucho a la vena popular (¿populachera en mi caso?) de Ramos.
La obra fue publicada completa en la revista del “Centro Cubano del teatro del ITI” y tengo un ejemplar de dicha revista “blanca”. Puedo fotocopiar la pieza y enviártela si te interesa.

¿Estuvo satisfecho del montaje de sus piezas?

Del todo satisfecho. Rubén Vigón creó unas correctísimas puestas en escena tanto de Tulipa, como Sara…  y El general Antonio….  Y Adolfo de Luis lo mismo con La calma chicha, entre los mejores. Y desde luego conté con un plantel de actores de primera, imagínate reunir protagonistas de la talla de Idalia Anreus (Tulipa y La calma...) y Rosa Felipe  junto a Mary Munné en Sara….”, además de los personajes que intervinieron en La soga al cuello…, Magali Boix, Eduardo Moure, Miguel Navarro, etc. Recuerdo una versión de Dumé de Tulipa,,, en la que Isaura Mendoza estaba espléndida. Luego, en Miami,  Eduardo Corbé, en una estupenda versión, utilizó a Isaura en el papel de La Barbuda. Si, miro atrás y me regocijo de lo que hicieron con mis obras en general.
En cuanto a la actualidad que puedan tener mis obras, me sincero contigo y creo que solo Tulipa .. conserva su vigencia. Carballido Rey, a quien conocí bien entonces, me decía que era una obra que lidiaba con la dignidad personal y eso no caduca. Las demás, están¿ fuera de época?. No obstante, un director barcelonés recientemente se ha interesado en Sara…  porque insiste en que uno de los problemas más graves que tiene la actualidad española es el desalojo de familias de sus casas, en este caso al no poder afrontar las hipotecas bancarias.
En cuanto a las otras, te contaré una anécdota reciente. Un grupo teatral de Miami conectó conmigo porque estaba interesado en hacer un montaje que no fueran las ya representadas en Miami. Alentado por un elogio que me dedicó Montes Huidobro sobre El general Antonio… le envié un ejemplar. El director me respondió: “Saumell. sinceramente, ¿puedo montar una obra en Miami cuyo héroe es Fidel Castro?”
Pero tengo el consuelo de que “en su momento y en su lugar”, funcionaron todas bien.

1/22/14

Carlos A. Aguilera: Clausewitz y yo

Aviso 7

En diferentes formatos, la editorial Suburbano presenta este título de Carlos A. Aguilera, Clausewitz y yo, que según el autor, "es un libro sobre la violencia. La violencia que genera toda familia, y la violencia como hecho que está construido encima de una estética, de un placer, de un "territorio de goce". Como el hijo mata al padre, entonces hay parricidio (en el sentido doble del que habla Girard), y a la vez hay redención en este parricidio, ya que realizarlo significa una liberación y a la vez una prueba de la belleza escatológica que subyace -según este personaje- en todo gusto estético...



1/14/14

E-readers y libros en español

Un artículo del LA Times, escrito por Ken Bensinger,  llama la atención sobre el "florecimiento" de la literatura en español gracias a los e-readers. Barnes and Noble tiene 65,000 libros en este idioma para leer en Nook y Amazon 70, 000 para Kindle, indicios del final de  la época en la que no se encontraba variedad alguna o el precio de los libros en español era muy alto.  Aunque resulta alentador el interés del Times  que de paso ha preguntado a una librería de libros usados, Schmribros, de Boyle Hights,  hay que mirar detrás de las cifras.
Desde hace más de cinco meses tengo un Nook. He comprado trece libros. No sólo  el lector no es mi única fuente de abastecimiento, me gustan los libros reales y  he "bajado" con Calibre Companion  muchos libros de la Biblioteca Nacional de España,  Google y de la Biblioteca Nacional José Martí, entre otras, así como en préstamo libros reales o virtuales de las bibliotecas de verdad.  Salvo el best seller, los libros de auto ayuda, o las traducciones de libros en inglés de amplia venta –recomendados en El New Yorker por ejemplo– los libros en Nook no se encuentran con facilidad. Tienen descripciones muy pobres dentro de clasificaciones rígidas, que hacen la búsqueda tortuosa y aburrida.  Es más, desde mayo he observado casi las mismas novedades, el libro de Sonia Sotomayor y el de Adamari López. Claudio Coelho él solo es una categoría. En más de seis meses esa página o esas recomendaciones se han mantenido inalterables. Carlos Alberto Montaner se mantiene con una novela del  2012. Mientras, los precios han subido increíblemente y en ocasiones son iguales o sobrepasan al de los libros en papel. Donde más se ha sentido ese incremento es en el de estudio o referencia en cualquier lengua. El libro de teoría teatral más caro es la World Encyclopedia ($400.00). En ocasiones, la diferencia de precios es risible. La edición para Nook de Mei Lanfang and The Twentieth Century... y la de tapa dura, difiere en casi diez dólares.
Jamás me ha llegado una recomendación para comprar un libro en español en ninguna de las comunicaciones y por supuesto, ninguna oferta. Si se añade que por lo general las publicaciones de amplia circulación no se interesan por los libros y menos por sus autores, que las páginas de los portales cubanos se eternizan con las mismas portadas (imagino son pagadas) se comprenderá lo mucho que queda  por hacer en cuanto a la crítica y la promoción del libro, que no se vende con un twit ni con concentraciones de amigos en facebook. Si por casualidad pasa que una autora, al contar de qué va su libro, dice que “cada quien viene a esta vida con su pack ” o la directora de una feria del libro, que los latinos sólo queremos  libros de auto-ayuda y la mayoría de las bibliotecas mira de soslayo la auto-publicación, se comprenderá que estamos muy lejos de conseguir el lugar que se merece el libro escrito en la lengua hablada por cincuenta millones en los Estados Unidos.
Con estos truenos, no he comprado un Kindle (aunque sí libros en mobi para pc) y como autora, si me lo propongo, podría conquistar el título de la peor vendida de todas.
Los invito a comentar si tienen cifras o datos de qué tal nos llevamos los cubanos con los e-readers. Si no, interpreto les pasa como a mí. Me han regalado un Nook para el insomnio aunque de vez en vez he escogido un buen libro y entre los trece, uno excelente, lo que no está nada mal.

1/8/14

Rescate de San Duarsedo

El nombre de Eduardo Sans dice poco a la gente de teatro. Quizás sí a los cienfuegueros, ya que aunque muchos lo consideraron un revistero sin importancia, para otros fue el creador del ambiente teatral en Cienfuegos como cronista de espectáculos y por muchos años redactor, entre otros, del periódico local La Correspondencia así como corresponsal de otros periódicos. Como Zerep (Rafael Pérez Cabello) en 1898, recogió una mínima parte de sus crónicas o notas de prensa en su libro De las dos farsas, (Imprenta del Siglo XX, 1916), que me facilitó Lisley Peña Benavides, documentalista del Centro Yolanda Perdiguer del Teatro Terry y se encuentra en la Biblioteca Provincial de Cienfuegos.
Pequeña memoria del movimiento teatral local, lo califica en el prólogo el poeta Hilarión Cabrisas, quien cita elogios de sus compañeros de oficio, Luis G. Costi, Denis, y otros, que hoy apenas significan a los lectores. Nació en 1888 y firmaba San Duarsedo y aunque escribe desde 1902, el libro se redujo de cuatrocientas páginas a noventa y dos "por las dificultades que existen en este pueblo para editar".
Cuando seleccioné textos para Escritos de teatro: crónica, crítica y gacetilla, me pareció que Sans era un caso muy peculiar y su libro, como el de Zerep, debía ser rescatado en esas colecciones imaginarias de Ediciones de la Flecha que no hace falta imprimir, pues basta  digitalizar para los pocos estudiantes de Teatrología interesados por el pasado. De Zerep recogí algunas, las mejores, el libro está en Google y hay quien lo vende impreso, pero éste existe en pocas bibliotecas y publicar una o dos reseñas no le hacía justicia.
Sans reseñó todo lo que pasó por Cienfuegos en los primeros años de la República, figuras mayores y menores, de Ana Pávlova a María Guerrero, de Emma Calvé a Enrique Borrás, de las actuaciones de la compañía de Luisa Martínez Casado "enemiga del reclamo a bombo y platillo" a la inauguración del teatro Luisa (de su propiedad convertido en cine)  y los artistas que allí se presentaron (entre ellos, Esperanza Iris), los empresarios (Carlos Rafael Sanz) y el escenógrafo Miguel Lamoglia. Escribió sobre glorias locales como Arquímedes Pous, quien "nació para vivir entre las bambalinas como otros nacen para aburrir a los demás con su eterna ridiculez e insoportable grosería", pero lo más valioso y original para el estudio de la sensibilidad de una época, son sus reseñas sobre  coristas, cupletistas, bailarinas exóticas que ofrendan su pulga o sus lunares o sus «picos de paloma», de la Pepita Pupill, con sus ademanes peligrosos, a La Tirana, Alyna Lyna, Angelita Torrijos, la bella Oterito y tantas otras, así como los teatros de variedades y los ilusionistas.  Volveré sobre San Duarsedo. Lo leerán con más placer quienes se ocupan de las variedades y la sicalipsis.  Dijo que "la crítica teatral para ser sana y docta requiere antes que nada la ausencia de improvisación pues ésta trae desasosiegos e injusticias."

1/6/14

La Avellaneda de Montes Huidobro

No sé lo que nos deparará el bicentenario de la Avellaneda en términos de nuevas obras o reposición de las conocidas, pero ya hay una primicia de  La Avellaneda una y otra vez, de Matías Montes Huidobro, dada a conocer en el blog Gaspar, El Lugareño que por su interés reproduzco. Se suma a las de  Silvia Ramos, "Tula" , La peregrina, de Héctor Santiago y Magna Tula, de Pedro Monge Rafuls, entre las que recuerdo sin haber realizado una pesquisa. Pronto estará disponible en Amazon.  Ojalá se escenifiquen todas.

LA AVELLANEDA UNA Y OTRA VEZ
de Matías Montes Huidobro
(una secuencia de la obra)


(Al llegar al pie de la rampa, La Peregrina, Tula y Gertrudis, se abrazan y se miran).
GERTRUDIS: ¡No hemos cambiado nada!
TULA: ¡Somos las mismas!
PEREGRINA: Será el Infierno.
TULA: Será la paz de los sepulcros.
PEREGRINA: ¿Y el juicio?
TULA: ¿Pero habrá juicio?
PEREGRINA: Por supuesto.
TULA: ¿El juicio de quién?
PEREGRINA: De nosotras. De Gertrudis Gómez de Avellaneda.
GERTRUDIS: Pero, ¿quién planea tal cosa?
TULA: El Autor, posiblemente.
AUTOR: La posteridad.
GERTRUDIS: ¿Quién se atreve a juzgarme? ¿Quién puede hacer de juez? ¿Quién será el fiscal? ¿Quién se encargará de la defensa?
TULA: Será un juicio sumario.
AUTOR: Es inevitable, Gertrudis. ¿O es que tú crees que en el reino de los Cielos se entra así como así?
TULA: Habrá que esperar por San Pedro.
GERTRUDIS: Arregladas estamos, ¡porque si es el actor que venía a despedir el duelo!
TULA: El Autor nos ha metido en un callejón sin salida.
PEREGRINA: La muerte es un callejón sin salida.
GERTRUDIS: ¡La vida es un callejón sin salida! Pero estoy bien entrenada, y de esto me encargo yo. (Al Autor). Me vestí para la escena de la coronación, como en mis mejores tiempos, con todos los perifollos, y te bajaste con la escena del cementerio, para que ni asomara la cabeza. Y ahora planeas la del juicio. Como bien sabes yo estoy lista para lo que sea. Haz lo que quieras, porque estoy preparada para todo y mi papel me lo sé al dedillo. Pero la escena de la coronación va, aunque tengan que pasar por encima de mi cadáver.
AUTOR: Pensé eliminarla, porque era un poco rígida y tendría, además, que buscar un centenar de actores y, lo que es peor, llenar el teatro.
TULA: Aquello fue un éxito rotundo.
PEREGRINA: Tan apoteósico que me sentí deprimida.
GERTRUDIS: (Al Autor). ¿Y mi matrimonio con Verdugo? ¿Lo eliminaste porque era un militar español? Quiero advertirte que con él pasé los años más tranquilos de mi vida, y que en todo momento se portó como un caballero. ¡Ni un sí ni un no!
TULA: Sin la tentación de cometer alguna locura y sin la pejiguera de Cepeda, que finalmente se casó y nos lo quitamos del camino.
PEREGRINA: (A Gertrudis). No tuviste un minuto de descanso. Claro, escribías siempre, aunque fuera una fuente de dolor.
TULA: ¡Un concierto para sordos!
PEREGRINA: Una y otra vez…
GERTRUDIS: Hasta Verdugo fue objeto de un atentado en la acera izquierda entrando por la Puerta del Sol, entre las calles del Candil y de Rompeplazas.
PEREGRINA: Estuvo en peligro de muerte. Creía que el episodio de Sabater se repetía y que Verdugo se moría de un momento a otro, pero Dios oyó mis oraciones.
TULA: A su modo y manera, porque nunca se recuperó del todo.
PEREGRINA: Dios aprieta pero no ahoga.
GERTRUDIS: (Al Autor). Claro, todo eso lo has querido omitir…
AUTOR: Porque alarga la obra y no es posible meterlo todo.
GERTRUDIS: ¿Y por qué no? Mi vida fue así.
AUTOR: Eras responsable de tus actos.
GERTRUDIS: Pero no de la historia. ¿Qué culpa tenía yo de ella? Escribía. Eso era lo que sabía hacer y no iban a detenerme mis enemigos.
AUTOR: Todos los géneros literarios te eran válidos: novela, poesía, teatro…
GERTRUDIS: ¡Teatro! ¡Sobre todo, el teatro!
TULA: Se sacarán a relucir los trapos sucios.
GERTRUDIS: Porque si me acusa, es esencial que mis personajes tomen la palabra, para que ellos mismo me defiendan… Teatro dentro del teatro…
AUTOR: Tú nunca hiciste teatro dentro del teatro.
TASSARA: ¡Quién sabe!
GERTRUDIS: (Al Autor) Pero tú sí… De hecho, que se representen todas mis obras… y que la Real Academia de la Lengua Española me dé el lugar que me ha escatimado.
AUTOR: Se están recogiendo firmas.
GERTRUDIS: En contra de la voluntad de algunos, supongo: Vitier, Portuondo, Piñera, hasta Chacón y Calvo.
AUTOR: No te preocupes, porque todos están muertos.


1/4/14

De Luisa a Rafael Calvo


Retrato de Luisa en el Museo Provincial de Cienfuegos
Más de dos años después de Luisa Martínez Casado en el paraíso, todavía tengo datos, historias y anécdotas que no incorporé al libro por  no alargarlo y porque los poemas –de publicarse completos– rompían la coherencia del relato. El mexicano periódico  El Tiempo, del 20 de marzo de 1889, sin más aclaración, publicó éste dedicado al actor español Rafael Calvo, que murió el año anterior. Escrito en Mérida –donde la compañía de Luisa pasó muchas temporadas– ella no necesitaba presentación entonces. Deseaba otra vida más perfecta "sin soñar un sueño que no acabe". La poesía la acompañó siempre. También la admiración por sus compañeros de oficio.



Es verdad Rafael, que en la otra vida
Encontraste descanso perdurable
Y ese descanso, di ¿sirve a tu alma
mejor que este luchar fiero, incesante?
El valiente guerrero que sucumbe
sin conseguir sus nobles ideales
ni hacerlos imperar ¿cómo en su mente
puede dar a su espíritu insaciable
con el descanso eterno, dicha y calma?
¿Es acaso que anhelos terrenales
se disipan al soplo de la muerte?
Ven, por Dios, Rafael, y que yo alcance
revelación tan firme y luminosa
Que entre el ser y no ser mi duda aclare;
Yo quisiera otra vida más perfecta
O, sin soñar un sueño que no acabe.

Luisa Martínez Casado
Mérida, 1889
El Tiempo, marzo 20 de 1889.